Archivo de la categoría: Poesía

Fragmento de “Habitaciones prestadas” de Felipe Benítez Reyes

 

“El amor tiene ahora en el recuerdo

olor a cuartos húmedos

y el sonido furtivo de una puerta al abrirse” 

 

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– ¿NO SE TE OLVIDA NADA? –

Inmaculada Mengíbar

Desayunar croissants en hoteles de mil

estrellas.

Despertar

viendo el mar a través de palmeras

inmensas,

buscándonos después de habernos

sumergido

en nuestras propias olas

y volver a la orilla entre risas de sol y zumo de

naranja

empapados de besos. La droga de vivir

pendiente de la droga que era tenerte cerca

(aunque pensar en ti

fue también una forma de tenerte conmigo

durante tantos años),

el terror de los sueños a hacerse realidad

y un miedo inconfesable a no tener excusas,

todo parece hoy tan lejano y tan mío.

Escapar de algo juntos hacia nunca.

Hacia siempre.

O dejar que el azar hiciera de las suyas

y eso nos perdiera.

Escapar de algo juntos.

Tener la vida entera para escondernos

y (¿por qué no me dijiste todo esto,

entonces?)

tener el tiempo justo para meterlo todo

en un poco de tiempo:

la playa, las camisas, los paseos, los libros,

los ratos de silencio, las caricias, las huidas,

las trampas peligrosas donde caemos a

veces,

las palabras que al fin terminan

rescatándonos,

esos vaqueros claros,

la cinta de Iggy Pop que te grabó tu hijo,

los pantalones negros que te sientan tan

bien,

y la cena de anoche,

el postre que pedí de nueces y de fresas,

lo que estuviste a punto de decirme

y callaste.

Desayunar croissants en hoteles de mil

estrellas.

Despertamos

entre un oleaje de coches que se abren

como barcas al mar

–la Gran Vía bebiendo el sol de la mañana–

y un cielo transparente de agua mineral.

La droga de vivir.

Tener el tiempo justo para meterlo todo

en un poco de tiempo:

la chaqueta de cuero que llevabas

el primer día, los planes para volver a vernos,

el colchón en el suelo,

las bebidas de anoche a medio terminar,

una imagen de ti con el pelo mojado

saliendo de la ducha,

el tacto de tu piel todavía en mis dedos,

los vaqueros oscuros,

esa camisa blanca que te sienta tan bien,

las ganas de reír en plena madrugada.

Vámonos. Todo listo.

¿No se te olvida nada?

Ya en el taxi,

Buscábamos palabras para decir adiós

y encontrábamos besos.

Y después, al llegar a la sala de embarque…

Mejor no recordar el aeropuerto

(La realidad no dura mucho tiempo.) 

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“Algo me aleja de ti”

 

y el mar...

 

http://live.goear.com/listen/ef323ff4226f62a127503de113fef340/4d273602/sst5/mp3files/27102009/641eb947230850b852fedbf4c96e6b32.mp3″

 

Se agradecen aquí

Se agradecen aquí
ciertos breves descuidos del lenguaje
como adverbios de tiempo y de lugar
que nos permiten coincidir ahora
en el oscuro reino de la vida.

Luis García Montero

 

*** Por si acaso no se escucha la canción, pinchar aquí

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La última inocencia- Alejandra Pizarnik

 

Una cabeza llena de pájaros - Eva Armisen

 

La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!


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“Problemas de geografía personal”

 

Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo

con el frío de alguna palabra que no he dicho,

con un malentendido que temer,

ese hueco de torpe inexistencia

que a veces, gota a gota, se convierte

en desesperación.


Nunca se despedirme de ti, porque no soy

el viajero que cruza por la gente,

el que va de aeropuerto en aeropuerto

o el que mira los coches, en dirección contraria,

corriendo a la ciudad

en la que acabas de quedarte.

 

Nunca sé despedirme, porque soy

un ciego que tantea por el túnel

de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,

un ciego que tropieza con los malentendidos

y con esas palabras

que no saben pronunciar.

 

Extrañado de amor,

nunca puedo alejarme de todo lo que eres.

En un hueco de torpe inexistencia,

me voy de mí

camino a la nada.


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Capitalismo- Ana Pérez Cañamares

 

El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche

después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas

su obsesión por nosotros no descansa nunca

en nuestros sueños nos persigue

con su disfraz de perro, de vendedor, de cura

de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo

su disfraz de muerte, su disfraz de vida

sé que tú le gustas con ojeras

yo le pongo cachondo cuando estoy cansada

me quiere flaca aunque me tienta con chucherías

y a ti elegante aunque te duelan los huesos

me empuja a emborracharme pero no por diversión

sino para olvidar

que mis horas de ocio se cierran siempre con balance negativo

cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento

nos premia con unas vacaciones

y nos tiende los billetes como el cazador

lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana

me instiga a desear cosas que no necesito

aunque él nunca tiene para mí un regalo

dice que mis enemigos son aquellos

que quieren lo mismo que yo

porque no hay bastante

nunca hay bastante para todos

y nos cobra por lo que no es de nadie

por el agua de lluvia

por el sol y la arena

por los claros del bosque

y los manantiales

secuestra a mi amor durante 10 horas cada día

y cada día me lo devuelve más viejo

con sus brazos lascivos abraza a mi hija

y yo grito ¡huye!

-he visto los primeros signos de rendición

en su rostro inocente-

pero no sé mostrarle la puerta de salida

y más que mi felicidad, lo que a él le preocupa

es atisbar en mi cara un rastro de consuelo

que me permita llegar hasta la próxima tregua

cada día me pone café en los labios

para que aguante, y luego una pastilla

que me aplaque los nervios para que descanse y duerma

mientras él sigue haciendo conmigo lo que le viene en gana

(a veces se tumba sobre mí y yo con los ojos abiertos

miro al techo, y si se da cuenta me dice

que ya va siendo hora de pintarlo)

envenena la comida con que me alimenta

me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad

y me quita los chupetes que podrían consolarme

provoca mi llanto

y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza

si me pongo rebelde, ríe paternalista

cuenta que él también pasó por esa época

y mi rebeldía la rebaja a moda

que luce en camisetas los sábados por la mañana

cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico

él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras

de las violaciones y los golpes de estado

pero tanta información me deja sorda y ya no escucho

los crujidos ni los llantos en voz baja

las señales del desmoronamiento

y él calla que cada muerto, cada herido

las mujeres violadas y los que sufren torturas

todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora

se zafa de las culpas con promesas

pero yo sé que una palabra suya

bastará para condenarnos

y si desaparece es para espiar a salvo y oculto

en los bares, en los hoteles, en los baños, en las celdas

tengo que darle las gracias porque

¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso

de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina

va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni

tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos

y además fuiste bendecida con una vocación

para que puedas sentirte mejor que otras

(y yo callo que yo no quiero ser artista

si eso va a convertirme en diferente

porque ya me siento lo bastante sola

y no quiero competir en más carreras)

si muestro debilidad, susurra, todos querrán aprovecharse

(como si él dejara algo para los otros)

mejor será que despliegue arrogancia

(con todos menos con él)

de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio

ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos

para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío

aunque antes hay que hacer acopio de fuerzas

para no abandonarse cada uno en su rincón

Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar

sus cadáveres, las humillaciones

el secuestro de la inocencia

el expolio de los sueños

yo le voy a cobrar, no sé cuándo

y la primera puñalada que le voy a meter

va a ser por las caricias que no nos dimos

por los polvos que no echamos

tú y yo

cada vez que se cuela en nuestra cama

y nos dice que mañana, mañana, mañana

mañana el despertador sonará a las 6.30

y veinte minutos más de sueño

nos harán mejores soldados a su servicio

Te lo juro, mi amor. Una puñalada

por cada polvo que nos robó

y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes

por los que dejan atrás casa y familia

por el dolor que no merecemos sufrir ni ver

por los campos arrasados

por los animales que se hacinan

por los niños que trabajan

por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte

por el tiempo que no volverá

por la vida que nos robaron

por la vida

mi amor

por la vida


He llegado a ella de casualidad y me quiero comprar su nuevo poemario… (Alfabeto de cicatrices)… quiero, quiero, quiero… el libro cuesta 10 euros y se vende en la librería de la esquina… ¿qué hago? ¿qué hago? ¿queeeeé hago?


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Eres un buen momento para morirme

 

Félix Francisco Casanova

 

Amaneciendo y anocheciendo

a un mismo tiempo,

cariño, ¿no es ésta la forma

en que te gustaría vivir?

En mi cabeza hay un álbum

de fotos amarillentas

y lo voy completando con mis ojos,

con los más leves ruidos,

atrapando olores en el aire

y en cada sueño que sueño.

¿Sabes una cosa, pequeña?

La última página de mi álbum

tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,

un disco de rock’n’roll

y calcetines de colores.

Mis ojos han sido rápidos,

te he hecho el amor con la ropa puesta

a través de una

larga pajita dorada

mientras cruzabas la calle

con el cabello ardiendo.

Pero ahora son tus pies

quienes dan mis pasos,

¡así que no te equivoques

pues me caería!

Te bebo en cada vaso de agua

que sacia mi sed,

mis palabras son claras como niños pequeños

o espesas como semen empapando cortinas,

pero hoy tengo que inventar

un nuevo idioma

para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos

y los gritos de euforia

de la gente que vive en tu cabeza.

Debes saber que a veces

soy como un entierro interminable,

siempre triste y azul

subiendo y bajando

por la misma calle.

Pero otras veces soy un río de risa

corriéndome por toda la ribera,

haciendo el amor a la mar,

una felicidad contagiosa,

un revólver de amor, nena,

y voy a disparar justo a tu corazón

¡bang, bang!

¿te di?

Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,

montaña de aguardiente

y tarde rojiza.

Eres un buen momento para morirme.

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