Archivo de la categoría: El sin sentido

Y decidir…


Recorriendo mis calles

 

… hacia ADELANTE o hacia ATRÁS


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Buenos días

Cometo el asesinato de mis planes cada día. Es fácil decidir no despertarse cuando el insomnio juega contigo por las noches, y sencillo no asombrarse porque sean más de las tres de la tarde y siga en pijama, con las marcas de la almohada en la cara y sin nada en el estómago. Esta ciudad va a terminar conmigo si no lo hago yo antes. El sol ha salido aunque no pueda verlo, suena música en la cocina y alguien ha tocado mi puerta pidiendo un postre de chocolate… Ñam… ¿qué comeré hoy? … La vida exige sustancias repletas de adrenalina, sonrisas en la frente y almas que no sean suicidas.  La vida y yo exigimos paciencia y armonía, existencias necesarias para suplir carencias inventadas o afectivas.

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En la ciudad despierta

Vivo inserta en el sexo transparente de una ciudad sin nombre. Camino distancias conocidas, recorro castillos conquistados, descanso en terrazas fugitivas pisando las mismas baldosas de otros años. Soy de aquí y de allí. Divido mis actos, mis huellas, mis fracasos. Aplaudo al silencio, aniquilo estados de ánimo apagados. Conozco los límites del que cree estar desesperado. Sacudo lágrimas del espejo y limpio el retrato que nos hemos inventado para aprender a quedarnos. El futuro taladra mi cabeza. Mala época para terminar la carrera -siempre es mala cuando no tienes ni puta idea de a dónde irán tus pasos-.  En la ciudad sin nombre las sombras caminan tropezando, los ojos se penetran retorciendo la mirada ante un extraño. El frío congela cada una de las huellas que habitan el extrarradio. Y aquí estoy yo dentro de ella, hiriente hija de puta, capaz de despertar las dudas de cualquier ser humano ¿Sabes? … la ciudad despierta y aún somos pocos los que hemos despertado.

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“Algo me aleja de ti”

 

y el mar...

 

http://live.goear.com/listen/ef323ff4226f62a127503de113fef340/4d273602/sst5/mp3files/27102009/641eb947230850b852fedbf4c96e6b32.mp3″

 

Se agradecen aquí

Se agradecen aquí
ciertos breves descuidos del lenguaje
como adverbios de tiempo y de lugar
que nos permiten coincidir ahora
en el oscuro reino de la vida.

Luis García Montero

 

*** Por si acaso no se escucha la canción, pinchar aquí

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Recortes

Que no lo olvido, que no te olvido, que ya han pasado 6 meses desde que te dije adiós cuando tu cuerpo ya no estaba vivo, que las letras y el olvido dan dos pasos hacia atrás y se lanzan al vacío, que comparto soledades, vicios, roturas abstractas de almas y cartas que nunca has escrito. Los instantes me han robado el exterminio del sentido, el alcohol mata a destiempo y el tabaco, ese traidor enemigo, dicta caducidad y sentencia de muerte, por si acaso, a la vida se le ocurra alargar nuestra existencia más allá de los 60 años, sean o no fugitivos. Es divertido sentirse joven, saberse joven, ser joven,… lo que mata, lo que me mata no es envejecer, es perder el privilegio de sentirlo todo mío, el mundo, el universo, de quererlo compartido y dividido. Es saber que debo elegir un camino y no quiero, que debo encontrar un sentido y no puedo ¿Una profesión? ¿Una casa? ¿Una pareja? ¿Hijos? ¿Tardes de sábado en la playa y domingos en la cama? ¿Cine los viernes? ¿Coche? (… ¿carnet?) … Digamos que entiendo que ya está todo hecho y que ahora solamente queda esperar a encontrarse muerto un día casual. Sí, exagero, hoy no toca suicidarse pero que cerca estamos todos de hacerlo -y sin saberlo- Acaso… ¿no es una forma de suicidio deleitarse entre lo negro? ¿rodearse de fantasmas? ¿obstinarse en recordar solo el peso del tiempo? Me hace gracia, tal vez esté viviendo la crisis de los 30, los 40 y los 50 a los 23 años, supongo que moriré joven, no encuentro otra explicación para tanta bobería en vena. Lo curioso de toda esta historia, es que antes de que tú te murieras, era incapaz de hablar de la muerte, o pensarla siquiera, y ahora… recuerdo tu rostro, tu cuerpo cuando ya no era tuyo, el maquillaje que inventaron para hacernos creer que aún seguías dentro, las flores, las lágrimas, la hipocresía del tanatorio y los rituales que solo sirven para alargar el dolor y ampliar distancias entre tú y yo ¿Sabes? nunca volveremos a encontrarnos, pero aquí te espero – siempre – . Hoy no escribo de la muerte, ni de ti, ni de mi… no compadezco mi existencia, es solo que a veces nos cansamos de vivir… ¿no es cierto? Nada que no pueda solucionarse con una jarra de cerveza y unos ojos capaces de sentir(me)… Eaa… a vivir y a drogarse con la vida un rato, hasta que alguien nos mate o hasta que mueran los sueños que laten dentro de nuestros abrazos.

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No sé ser…

 

Necesito manuales de supervivencia, enseñanzas del budista, doctrinas, teorías, servilletas con una esquina escrita, reuniones de dioses y de putas no suicidas, alarmistas del consumo exacerbado del tiempo, reyes muertos, santos vivos, columnistas y cronistas del silencio.

 

Necesito aprender.me de memoria -y comprendiendo-

Destilar la esencia rota

Conspirar contra los miedos

Volverme fiel hacedora de momentos

Capaz, valiente. A mi modo, omnipresente

Asesina de la parte racional de mi cerebro

Y entenderme a todas horas

(porque no, … no me entiendo)


Traduzco un nuevo idioma que no existe, una lengua huérfana de padre -y de madre-. Las señales ya no indican. Las salidas son huidas del experto en alejarse.

 

……………………… Où se trouve l’équilibre?


No lo entiendo…

No sé SER …………………..  -persona, amante, amiga, …-.

Tan solo conozco un camino… (hacia la puerta que grita en verde la palabra EXIT, la fuga perfecta para las almas perdidas).

Que alguien me explique:

¿Cómo se hace para vivir viviendo en esta vida?

 

(porque yo ya no entiendo las reglas del juego)


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¿Alguien me entiende?

Era ayer y tenía los sentidos divididos en millones, escuchaba por mi derecha, veía por mi izquierda, leía colores en el cielo y probaba sabores nuevos con la punta de los dedos -y de la lengua-. Creo que nunca me había visto arrastrada a una desconexión tal de mi cuerpo, a una brutal desinhibición completa que conlleva a una pérdida absoluta en el control de las consecuencias. Sigo soplada, lo sé. El latido me recuerda mi existencia, pero duele cuando aprieta. ¿Se puede uno morir de risa? ¿y de ausencia? Anoche descubrí el estado perfecto para congelar mi materia, y decir adiós mientras pueda. Dejarse llevar nunca ha valido tanto la pena. No. Hoy continúa la nube de esencias, y descubrir aquello que nadie te cuenta. Voy dando pequeños pasos de mi cuerpo a tu cuerpo, apuntándome tus letras y encerrándome dentro de una nevera, sabiendo que cuando necesite respirar, alguien me abrirá la puerta. Creo que me he vuelto medio loca, esperpéntica de veras, disminuida de la psique por constancia en la incoherencia. Soy mi propia droga. Mata ratas a cámara lenta. Prohibición de la emoción -aunque a veces no lo tenga tan en cuenta-. Esclava y libre. Nunca eterna ¿Para qué perder el tiempo conmigo? Soy un veneno que potencia la carencia, una mezcla, un intento muerto de latencia. Saltan chispas -puedo verlas-. Es mi mente que sonríe y practica la raíz cuadrada de mis letras -menos intensas (siempre) de lo que aparentan-. Caigo en mi propia trampa. Muerdo el anzuelo por la yugular y cuento 5 antes de salir corriendo sin que nadie me vea. ¿Y ese ruido? -nadie escucha lo que realmente piensa-. Necesito aire y esta tarde voy a llevármelo todo aquí conmigo, sí, un kit completo de supervivencia, de respiración asistida y sangre inyectada directamente en las venas. La poesía sigue viva, señores, tan solo hay que darle al botón y abrirse en canal aunque nos duela.

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