Archivo mensual: abril 2010

Para volverse loco, o cómo intentarlo cuando aún estamos a tiempo.

Anécdotas de lo cotidiano que transforman presentes en recuerdos capaces de albergar sonrisas de estropajo rellenas de plumas y de vida, ya ves, a veces se me rompen los labios de atropellarme en las ganas de sentirme dentro del movimiento irrisorio y desbocado de la piel estirada a bocajarro al saltar de una emoción a otra en menos de cinco segundos de espasmos momentáneos y hoy es uno de esos días para respirar, abrir los ojos y querer apretarse al calendario que grita que estamos vivos para esto, tonterías de una loca que no sabe lo que dice pero siente que es real… o irreal, ¿qué más da? ¿quien da más? de momento sé que es cierto, continúo en este estado ambivalente de adoración de los opuestos, sí, sigo viviendo dentro de una montaña rusa, pero hoy toca saltar, estar arriba, en lo alto del cielo mirando el paisaje desde las nubes y escurrirse miedos cerca del sol que agrieta la piel y multiplica mis respiraciones a toneladas de suspiros por segundos inciertos. Tal vez sea, que hoy, he decidido quedarme contigo, con los 2 caramelos de regalo por atender a nuestra exposición en la facultad, con la sonrisa del señor que me dio un caramelo en la tienda de fotocopias por haberle dado 6 céntimos de más, ya ves, será que quiero quedarme con el césped, las palabras y la música después de clases y la despedida en la guagua, quedarme con mis manos abriendo la puerta del piso con cara de boba extrañada, con otras letras y otras formas de sentir aquí, cerca del pecho, de la vida, recordando que todos estamos igual de locos pero que no todos sabemos demostrarlo, experimentos varios, como ayer, que aprendimos a “meditar” en clases y estuve tan cerca de sentarme y sentirme en mis pulmones y en mi cuerpo que me dio por soñar, estar aquí, en este instante, justamente ahora, sabiéndome en este encuentro, saboreándome de verdad.

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¡Feliz día del libro!

Deletreo el cosquilleo del teclado entre mis dedos a sabiendas del estado de mi cuerpo que se tensa al diluirse en la mezcla eterna del que sueña, calla, vomita y piensa en el paso siguiente cuando el siguiente paso late demasiado cerca del encuentro. Premio al sin sentido por la charlatanería inventada. Discuto con el aire por el peso de mi cuerpo y la gravedad del alma dentro del pecho. Suplico no quedarme encerrada en este día y amanezco con los sueños repartidos, fragmentados en esquinas que se visten con la falta de valor del saltador que no es capaz de andar hacia la meta, sea cielo o infierno. Inyecto soledades en los labios que no supieron hablarme y recreo el paraíso en las palabras que me invitan a quedarme a este lado del recuerdo, cerca o lejos del aliento que transforma la respiración en vaho frente al espejo que sostengo.

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Nada; Carmen Laforet

Siempre marco fragmentos de los libros y normalmente los paso al word o los dejo para siempre olvidados en los pliegues doblados gritando para dentro de si mismos, pero esta vez, ya que tengo que devolver el libro a la biblioteca (nueva decisión: dejar de comprar libros por el momento), aquí va:

Carmen Laforet: Nada

Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría… Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos… Estoy segura de que mi padre y mis hermanos tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, que saben en todo momento lo que quieren hacer, lo que les parece mal y lo que les parece bien… y que han sufrido muy poca angustia ante ningún hecho […] Me gusta la gente con ese átomo de locura que hace que la existencia no sea monótona, aunque sean personas desgraciadas y estén siempre en las nubes, como tú… personas que, según mi familia, son calamidades indeseables. […]


Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. […]


Ahora, viendo las cosas a distancia, me pregunto cómo se puede alcanzar tal capacidad de humillación, cómo podemos enfermar así, cómo en los sentidos humanos cabe una tan grande cantidad de placer en el dolor… Porque yo estuve enferma. Yo he tenido fiebre. Yo no he podido levantarme de la cama en algún tiempo, así era el veneno, la obsesión que me llenaba. […]


<< Si aquella noche -pensaba yo- se hubiera acabado el mundo, o se hubiera muerto uno de ellos, su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo.>> Así suele suceder en las novelas, en las películas; pero en la vida… Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace. […]


Estuve allí mucho tiempo… Me dolía la cabeza. Al fin, muy despacio, pesándome en los hombros los sacos de lana de las nubes, volví hacia mi casa. […]


Pensé que era una de esas personas que no saben estar solas ni un momento con sus propios pensamientos. Que no tienen pensamientos quizá. […]


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Realidad

Esta mañana abrí los ojos antes de tiempo por error. Una mano rozó una puerta y en francés se despidió, esperé hasta tener conciencia suficiente del movimiento de las extremidades de mi cuerpo hasta que el despertador mordió el letargo y dijo adiós. Alguien marcó mi número para decirme que esta tarde no había clases (sin saber cuándo fue, exactamente, que dejé de ir los lunes por la mañana) y tengo a Carmen Laforet con su Nada arrastrándose irremediablemente al final de una línea atemporal en el secuestro de vidas inventadas. Además, he decidido que ya toca ver Desayuno con diamantes… sí, un clásico que nunca se ha topado con mi cuerpo aunque Moonriver haya saqueado tanto espacio en este cuento. En fin… aquí estoy, poniendo en orden la historia, con sus puntos, sus comas, sus fracasos y sus finales sin concluir… así como la vida.

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Sueños

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Sin S.E.N.T.I.D.O. . .

Pedaleando al interior del secuestro de unos labios transformados en abismos perversos que trasnochan comerciando con espejos que quebrantan normas firmes de generalidad, ubicuidad del gentilicio que acostumbra a lamentarse por el vicio o por la ausencia.

Aquí respondo yo, mensajera de las letras que se prenden entre el humo que inhalan los pulmones y los versos que se tachan por “vendetta”… r-e-s-i-s-t-i-e-n-d-o.

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