Archivo mensual: enero 2010

Informando en presente a este lado del hemisferio

A veces creo que nunca he aprendido a estudiar, ni a vivir, pero le doy mayor peso a lo segundo. Ya sabemos que una máscara no puede luchar contra el tiempo y unas manos que tiemblan no sirven para alcanzar cierto tipo de deseos. Debería centrarme en esto (los apuntes que respiran a 10 centímetros de mi cuerpo), sentarme adecuadamente, romper el ordenador, dejar de jugar con el pelo, comer más y empezar a acunar a un corazón que solo ha aprendido a latir a destiempo. Está bien, mientras escribo esta cantidad absurda de palabras, comprendo que hay aspectos que deben cambiar, pero… somos humanos y ya sabemos que, por tanto, torpes, iracundos, ausentes, pecaminosos y serios. Adultos que han aprendido a parecer fuertes delante de un espejo y luego lloran en la cama y se vuelven tan pequeños… tanta vida para nada… en fin… será que tengo que estudiar y no puedo, ya ves, “a veces creo que nunca he aprendido a” hacerlo.

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Contra Jaime Gil de Biedma


De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma

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Nota sobre la construcción de las masas

Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes*
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.*
Lo que queda es lo que
ves
es duro.-

CHARLES BUKOWSKI

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Evolution of men

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Tiza

Y tantas otras…

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Shh…

¿Me ves?

¿Me ves?

En algún lugar entre mi cuerpo y mi espanto

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Pensamientos en alto

Hojas dispersas sobre una mesa que ha visto más de mi familia que yo.

Apuntes de asignaturas que no entiendo porque mis ojos aún no han seguido las líneas para acabar una frase.

Dos días y volver a empezar la vida como la dejé, al otro lado del charco que separa a estas dos islas.

Y palabras que me miran y se esconden por el miedo a sentirse pronunciadas.

A veces tiemblo.

Me muerdo los labios y, como no sé gritar (desaprender de la vida y de todos sus secretos se está convirtiendo en un hábito muy feo) cierro los ojos y dejo que el tiempo golpee a este cuerpo escondido entre el edredón.

Me apago.

Juego a perder y gano perdiendo.

Será que no quiero.

Será que vuelvo a comprar cantidades inmensas de silencio.

Será que el aire se vuelve mentira tratando de ser respirado por alguien que apenas respira.

Será que me quejo y que sé que esta sensación no debe durar más de un día.

Será por eso que no intento venderme todavía.

(y leer lo que está en negrita como si fuera una única frase).

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