Archivo mensual: febrero 2009

Luis Ramiro

Atravesando el aire, el viento y la distancia para llegar justo aquí, a este momento… ¿dónde estamos? ¿dónde fuimos? ¿qué nos queda?

Lluvia de ideas. Palabras. Sentimientos.

Y si te dijera que me he quedado enganchada a tu voz, ¿me creerías? ¿Cuánto tiempo hace que te escucho? ¿Cuántas veces me he dejado desgarrar a través de cada letra, a través de la respiración al otro lado del espacio que separa a esta tierra de otras tierras? ¿5 años? Te conocí cuando solo eras una voz sonando en mi mp3, cuando no tenías cara y tu nombre solo era eso, palabras. Y ahora, como a todo buen cantautor, sin conocerte, me has acompañado más allá de la realidad imaginada dentro de mi cabeza.

Hay tantos que rasgan corazones con las cuerdas de la voz, de la guitarra y del alma. Hoy me apetecía ponerle a él como ejemplo, al buen Luis Ramiro, pero, quizás algún día rompa fragmentos de mi vida y de las venas que me rodean deletreando cada letra de los nombres que cantan conmigo dentro de mi ordenador, de mi móvil o de mi mp3 (Sabina, Serrano, Marwan, Cesar Rodriguez, Chaouen, Fran Fernández, Jose Antonio Delgado, Paco Cifuentes, Miguel Dantart, Kiko Tovar, Lucas, Zahara e íncluso algún canario como Jesús Garriga o Luis Quintana… y tantos otros que componen el camino de vuelta a casa).

¿Canarias está tan lejos de Madrid o Andalucía?

… y la primera canción que creo que escuché de él:

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Hoy… Disfrazándome (de mi) y hace dos noches, de otra “cualquiera”

¿Qué te pasa mascarita? Te conozco.

Reencuentros que apaciguan el hastío, el alma y esta sensación de retraso acumulado en las palabras, en la garganta.

Ya no duele como antes.

Te miré, es cierto, sé que aún puedo reconocerte e interpretar tus lágrimas.

Compramos pintura blanca para ocultarnos detrás de una careta dibujada (que no real), pintura negra, roja, crema, maquillaje. Ahora no puedo beber a través de los labios de una “geisha”.

Cabalgata, niños, disfraces, pijamas, mimos, señoras de la calle (de la esquina), piratas, sueños y vida dentro de cada persona a la que mirar dentro de sus ojos.

Cena, Mc Donald. Cerveza viene y cerveza va. Último retoque. ¡Taaaxi! y dedicar la noche a sentirla contigo.

A veces se me olvida

(lo importante que es tenerles cerca)

Y de fondo suena lo que escuchaba hace justo un año: (recordando)

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La Palma

Mi cuerpo y el Poris de Candelaria

Mi cuerpo y el Poris de Candelaria

Es curioso, han transcurrido días, horas, nervios clavados en pupilas cortando lágrimas retenidas en la frontera entre la ira y la locura o la genialidad, lágrimas incapaces de llorar, manos atrapando fotogramas de la vida con cámaras fotográficas, y la memoria, y yo aún persisto evitando girasoles ciegos, arrebatándonos parte de lo que nos toca por derecho, respirar.

Han sucedido tantas cosas.

Un viaje de ida y vuelta, dos aviones en miniatura, seis ojos reunidos en el tiempo y el espacio sin quererlo, sin buscarlo. Cuestas hacía arriba y hacia abajo. Verde, negro y marrón decorando el paisaje más cercano (y alejado). Tres personas acostumbradas a vivir juntas, pero, esta vez, en una casa diferente. Salir con el bikini puesto y terminar haciendo una caminata de tres horas (al menos). Descubrirte dentro de un árbol y recordarte (y quedarme contigo un rato). Hoy el cielo discute con las nubes y esculpe significados distintos a los sueños. El aire sabe a limpio y el cuerpo aún resiste aunque poco a poco se muera por dentro. Dedos aplastados entre las piernas y las piedras hundidas abrazando los zapatos. Fotos guardando los detalles que obviamos cuando somos solo presencia dentro de un escenario. Volcanes. Faros. Vehículos recorriendo carreteras para jóvenes suicidas o para aquellos que saben que lo bello a veces está detrás de algo que se antoja peligroso, lo se, quizás, algunas veces hace falta salir a la calle para poder respirar y otras, la belleza está en el sonido de la voz ajena que suspira rompiendo soledades, distancias, y que escruta miradas en el espejo y en el cuerpo que queda enfrente, retenido a voluntad. Música, un concierto para almas cansadas cayendo hacia adentro, apaga la luz y vayamos a dormir (es cierto, lo pienso pero no lo hago, y ahí está el cambio). Cervezas. Escondernos de… Evitar la… buscar otros caminos para no encontrar a… y de fondo nuestras bocas gesticulando algo así como sonrisas nerviosas provocadas por la emoción repentina, el temor y por intentar jugar al escondite con la tentación. Hoy gano yo. Dormir. Último día. Mercadillo, dulces, comida, hippies, barrancos, playas, acantilados y una cueva para quedarnos a vivir una parte de la historia del lienzo que compone y recrea un fragmento de nuestra vida.

Y Escribirlo muy adentro de mi propia sombra, de la curvatura de mi cuerpo, de los huesos, de las ansias, para no olvidar lo que sentí cuando fuimos ese “algo” distinto a lo que somos ahora al mirarnos en el espejo.

Un Viaje de ida y vuelta. Tres días. Tres vidas. Una única sensación: Libertad.

Y ahora ni aquí ni allí, sino en casa por Carnavales. ¿Mañana disfraz?

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Tan humana… como casi todos.

Odio esta parte de mi que me hace tan humana… creo que estaría temblando si ya fuera por la tarde, pero aún es pronto y me queda tiempo todavía. Si tuviera que clasificar o darle un nombre al estado en el que me encuentro sería “extrasensible”, que no hipersensible (acojonada también es una buena palabra para definirme). Hay demasiada vida acumulada en mis zapatos queriendo atravesar paisajes diferentes a los que ya he dibujado en la memoria, demasiados miedos estancados en la boca a punto de ser vomitados. Creo que a veces vivo por inercia y respondo sin pensarlo porque de no hacerlo así, me quedaría dentro de la cama aterrada incapaz de levantarme en las ideas y en los movimientos que permiten al ser humano vivir y haber vivido sin necesidad de aparentarlo.

He intentado arreglar cada aspecto de mi vida que la oprime, la reduce y la aniquila.

I try to fix me by fixing you… (o al contrario)


En fin, me voy de viaje hasta el domingo. Sigan sonriendo mientras tanto.

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Asperezas por el odio

Odio esta sensación de vacío auto proclamado, hueco hasta el alma, profundo, y malintencionado. Odio la picadura de un mosquito, el dedo inflamado, infectado de momentos que fueron aire en el pecho de un soldado en otra guerra y otro tiempo. Odio el sabor que queda cuando alguien decepciona o es decepcionado. Odio las miradas de reprobación practicadas y ensayadas frente a un espejo, la vergüenza o desvergüenza desmedida, el silencio compartido cuando nada significa. Odio que me mires cuando no quiero o no puedo sostener tu mirada y mi sombra cae, muerta y despavorida por el odio. Odio encontrarme contigo cuando no me siento preparada. Odio esperar(te) y no encontrar(te). Odio este cansancio no fingido y estas ganas afligidas por los hechos cuando los planes tropiezan quebrados, rotos y cubiertos de los restos de otros planes que no fueron y quedaron atrapados para siempre en un vertedero de ojos y almas que han perdido infinitamente la batalla. Odio no terminar lo que me propongo, no concluir lo que he empezado, no saber qué quiero ni cómo llegar a ningún sitio. Odio sentirme incapaz de aparecer sola en determinados contextos, de necesitar a otro cuerpo para no creerme estúpida ante unos ojos ajenos. Odio este escozor que recorre la piel que se dibuja alrededor de mi cuerpo, el temblor de mis ojos cuando lloran, el color de mi rostro cuando se transforma en un rubor malinterpretado. Odio no verme fuera de mi cuerpo para saber qué es lo que piensas de mi. Odio que a veces no sea suficiente conmigo. Odio las mañanas en las que no me despierta el despertador sino un constante ruido (también odio el despertador). Odio el sonido de los pajaros la noche antes de un examen porque significa que aún no he dormido. Odio la traición. Odio necesitar a alguien que nunca responde como es debido. Odio las respuestas negativas. Odio ser tan quejica. Odio escribir acerca del odio porque solo alimenta esta parte de la vida que debería estar prohibida.

Odio…

Odio…

Odio…

Odio lo que siento al sentir que odio.

Es cierto, a veces, incluso, puedo llegar a odiarme a mi misma enferma de tanto odio.

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Ausente

Días teñidos de color ocre amargo, cansancio acumulado en cada fibra, en cada palabra no pronunciada por el escándalo que se dibujaría si gritara mis pensamientos en alto, articulando cada miedo, cada repugnante sombra escurridiza que se oculta tras las pupilas de mi, tras el desastre de mi, el aire de mi, el silencio de mi, el cuerpo de mi, las manos de mi, los labios tapados de mi, las lágrimas de mi, tras la ausencia de mi. 

Dejemos que caigan los deseos, que mueran putrefactos entre el olvido y la mentira, que se rompan y desaparezcan hasta sentirme capaz de volver a mirarme a la cara y querer buscarte dentro de un espejo sin colores ni dueño. 

Dejémonos a un lado de momento. 

 

Y decir que llevo todo el día durmiendo para olvidar esta realidad “autoinventada”, no sería exagerar. 

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En noches como esta

Llegué justo en ese instante… cuando las manos tiemblan y las palabras se derrumdan ante unos huesos cansados de esperar y de quedarse paralizados. 

El tiempo muere, yo muero, las células y mis ojos mueren, las ganas, las garras que descuartizan el ánima, hasta el aire muere perdido entre calada y calada del veneno que aniquila mi respiración y mis pulmones. 

Y cuando me pensaba sola, ausente de respuestas, quedaba alguien al otro lado de la pantalla de un ordenador. Adoro pasar la noche mezclando palabras, melodías y escuchando al gran maestro Joaquín Sabina. 

Solo en noches como esta… 

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