Archivo mensual: diciembre 2008

A veces

A veces caen las palabras enterradas con mis propias manos, ensanchando las esquinas que conforman la oscuridad en la que me sumerjo, para desaparecer cuando ya no quedan fuerzas, cuando una palabra ya no puede ser sumada a otra y dar un resultado positivo, porque mis labios solo son capaces de temblar, intentando escupir llamaradas de fuego y obteniendo solo eso, una llama que se apaga cuando cierro los ojos y no puedo esconderme más.

Estoy cansada y quiero desaparecer (y aparecer de nuevo) como tantas otras veces.

Sí, reconozco que a veces creo conocerme, pero otras, me da miedo lo que pueda encontrar detrás de tantas palabras derrochadas.

Cuando pienso -antes todo era más sencillo- me miento.

Y lo peor es… que lo se.

Voy a conseguir que ya no me importes nada en absoluto… (“voy = quiero” distinto a “puedo”).

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En casa…

Siempre me ha gustado la sensación de regresar y saber que hay alguien esperando por ti en algún lugar, alguien que va a buscarte y a guardarte en un saco para que ya no puedas escaparte, al menos, en el tiempo que duren estas navidades. 

Me gusta estar aquí y me gusta estar allí…

¿será esto lo que otros llaman EQUILIBRIO

Y aunque las voces tengan otros nombres y los cuerpos sean dueños de otras sombras, quédate conmigo una vez más.  

PD: Supongo que ahora me veo en la obligación de desearle a alguien “feliz navidad”, quizás a la próxima persona que me mire a los ojos (es probable que la primera persona con la que me encuentre en este continuo de tiempo sea en sueños, con lo cual, no vale).

¿Felices?  … ya no entiendo nada… 

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Aunque tu no lo sepas

Concierto Quique González y La Aristocracia del Barrio; Diciembre 2007

Concierto Quique González y La Aristocracia del Barrio; Diciembre 2007

Hace casi un año me encontraba sentada, cual ferviente seguidora de sonidos y palabras, sentenciadas a llegar a mis oídos en forma de cuchillos afilados, que abren venas para entrar y no salir de lo interno y lo privado de este alma empaquetada en papel de regalo (algo peligroso por estas fechas, a ver si me van a confundir con un juguete o con un iPod para algún niño malcriado). En fin, que ha pasado el tiempo y sin darme cuenta han caído las doce hojas que formaban cada mes del calendario. Sí, hace un año fui a un concierto de una forma inesperada y ahora ha venido a mi cabeza y ha tocado a la puerta otro recuerdo que quedó almacenado, ocupando cierto espacio en la memoria a largo plazo:

Yo (mi yo del pasado), sentada en una silla giratoria que lanzó a este cuerpo y a su mente cinco años al futuro (ahora llamado presente) en un viaje de ida sin retorno, me he visto atrapada por la esencia del aroma que fluye con el paso de los años, persiguiendo los restos de las piedras que dejé, quizás, a un lado del camino, con el único fin de regresar “allí donde quiero volver”, y por eso hoy, me recuerdo escuchando esta canción (“Aunque tu no lo sepas”) hace cinco años, en esa silla giratoria, con el cuerpo temblando y los dedos tiritando, descubriendo la mano que la escribió (Quique González), la voz que la cantó (Enrique Urquijo y/o Quique González) y el poeta que la inspiró (Luis García Montero).

Y aquí va el poema:


Aunque tu no lo sepas


Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos…


Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.


También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.


Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.


Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Aprovecho para recordar que “Los Secretos” han sacado un nuevo disco, para recomendar a Quique González y para animarles a leer un poco más de esos grandes poetas que, como Luis García Montero, aún graban cada una de sus letras repartidas por esquinas ocultas de mi cuerpo.

Tantas voces gritando y tantos oídos cerrados.

Mientras, me dispongo a levantarme y a seguir descubriendo cada uno de los versos que ha caído, que he perdido u olvidado distraída por las sombras que toman forma y comprimen cada huella que me invento para que nadie siga mis pasos.

Quizás, esta última razón y no otra, sea la que lleva a mis manos a escribir textos pseudolargos carentes del sentido suficiente si no soy yo quién interpreta cada palabra que conforma este esperpento personificado.

¿Te digo un “no-secreto”?

– A veces, ni tan siquiera yo, me atrevo a leerme demasiado.

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