Archivo mensual: agosto 2008

El disfraz que me convierte en un ser humano.

Tantas cosas, tanto tiempo. Empezar o terminar. Proseguir o cambiar. ¿Te gusta? Prefiero no elegir, no decidir como actuar, hacia donde ir, dejarme llevar. No, no, tal vez tenga miedo. No, quizás solo sea la falta de costumbre pero no se qué es lo que tengo que hacer. Todo o nada, lo se, a veces no es voluntario, simplemente camina. Algo se te ocurrirá para transformarlo en interesante. Poco a poco. Esto o aquello. Hablar o guardar las palabras entre mis labios, en silencio. Esperar a que sea el momento o dejar que el sonido de las letras formen un recuerdo entre oídos ajenos a estos dos que llevo puestos a ambos lados de mi cuerpo. Decidirme ahora o salir corriendo, aún estoy a tiempo de desaparecer un segundo y borrarme la tinta que dejé entre mis dedos con extractos del pasado, con la misma sonrisa que he cortado y pegado tantas veces en mi rostro simulando una apariencia diferente. El disfraz que me viste, que utiliza cada parte de mi, para presentarse ante otros como aquella chica de ojos oscuros que no habla demasiado. Pero… de momento sigo en pie, esperándote a mi lado.

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Primer día…

Y comienzo una vez más. Me alegro de poder estar aquí. Solo eso y nada más. Punto. Punto. Punto y a parte o final. 

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En el continente europeo

Que la vida es diferente, “oui, c’est possible”, que los sueños no han cambiado, que salir por la mañana muy temprano sigue significando lo mismo aún mirando cada día un rostro distinto. Que el desayuno sabe a otro, que tu risa y mi risa sumadas dan siempre un resultado positivo, que mi cuerpo se ha inflado acumulando cada nombre, cada historia, cada calle que recuerdan mis piernas para poder regresar aquí cuando el resultado de otras risas ya no sea positivo. Que te veo en mi reflejo formando parte de mi, a todos. Que un mes no es suficiente para demostrar que aún podemos ser los mismos vistos desde otro cristal. Que la vida ha cambiado, pero poco. Que al mirarnos transformamos nuestros rostros. Que mi cuello se ha girado y me he visto en un espejo transparente que me grita en otro idioma que todo deja de ser en algún momento diferente. Que me he creído plastilina, amoldable a situaciones con sabor a chocolate o a un aroma que no sabe, que no huele, que no quiere ser reconocido o presentado ante nadie. Que es sencillo acostumbrarse a estos ruidos cuando tú estás presente. Que el presente se presenta sumamente diferente, que se oculta en las pupilas de los ojos que me miran y que observo mientras mis párpados tiemblan. Que mis piernas no se cansan de correr para cruzar una calle con un semáforo roto. Que mis manos ya no piensan en palabras que puedan recrear este tiempo a este lado del continente europeo. Que hoy solo muerdo entre mis labios unas letras que forman un “GRACIAS” desgastado y tres girasoles que demuestran lo que mi cuerpo y mi alma intentan traducir a otros idiomas más allá del lenguaje y que no, que no puedo concentrarme al recordar que este tiempo ha terminado…

Ya no.

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