Mirándome (a escondidas, desde lejos)


A ti
Mayo 19, 2009, 3:33 pm
Archivado en: Escritores, Poetas, Querido nadie

Quería inventar palabras,

cosechar recuerdos,

secuestrar abismos adheridos a silencios,

Quería seguirte y hablarte,

saberte

y por encima del tiempo sentirte y escucharte.

Quería mirarte hacia dentro,

dolerte y sanarte,

sangrarte.

Quería leerte

y atarme a tus versos,

perseguirme en mis intentos de buscarte,

susurrarme tus palabras en un desierto de espectros

y perderme en mis recuerdos.

Quería probarte entre mis manos,

mezclarme entre las letras que desgarran a este cuerpo.

Quería soñarte en pasado y tenerte en presente.

Pero hoy tan solo quiero recordarte,

Benedetti,

hoy y siempre.



Cuando todo se torna cotidiano…

La cama está deshecha pero no por el movimiento de dos cuerpos  mezclándose con ella, está deshecha porque mis manos han querido anticiparse al cierre de los ojos voluntario-obligatorio para introducirme en eso que llaman “sueño” y que los domingos por la noche se traduce en una manifestación de mi cuerpo y mi mente contra mi propia voluntad de hacerlo, de dejarme llevar y caer junto a Morfeo.

Es domingo y no duermo, solo escribo con relleno del barato, con grandes cantidades de vacío acumulado en las palabras, que cesaron de salir de mis labios y desaparecieron sin dejar una nota encima de la mesa o una huella delante del espejo, será que ya debería estar durmiendo y volviendo a la realidad que me espera y oprime (pero sin asfixiar) cada semana, supongo que son aspectos de una vida normal y por eso tengo un despertador dispuesto a gritarme, chillarme y asustarme a las 6:55 de la mañana, el problema está en que el reloj me escupe la hora y se acerca peligrosamente a las dos de la madrugada.

En fin, que me agota cuando no tengo nada extraordinario que contar o cuando no puedo hacer de lo cotidiano algo extraordinario, quizás mañana el aire cambie y las palabras también lo hagan, las historias y mi vida.

Buenas noches ojos que buscan mentes despiertas, venas abiertas y letras selladas con sabor a miel de la buena, buenas noches a tientas, que ahora toca resguardarse de la vida por un rato.

- ¿Me esperarás mañana a la hora acordada en el bar de la esquina?

… y mientras tanto pienso: ojalá tuviera tiempo o supiera como estirarlo para quedarme allí, contigo.



Un día cualquiera…

Me he despertado sonriendo, con el alma en las manos y el corazón palpitando de puro miedo teñido y reconvertido en agua diluyéndose, atraída por el suelo. He colgado en la pared una palabra: “quejica”, solo por si así consigo no quejarme demasiado y dejar que todo el aire y toda esencia de vida atraviese cada poro, cada recoveco y transforme mis palabras en “quieros” y “puedos“… Que la vida se me escapa, es cierto, no manejo el telón de este escenario, ni conozco las pautas que persiguen las señoras de las calles, de las esquinas y los floreros rotos.

Y sigue lloviendo y yo sonrío con precaución y demora, pero sonriendo, que las gotas que oprimen a este cuerpo no permiten que los ojos vean más allá, ni atraviesen el silencio, y por eso me levanto, me conecto la bateria de reserva, obligo a mis piernas a moverse, a mis dedos, me dibujo un rostro dispuesto al cambio, a sufrir y a saber congelar este cachito de tiempo que me hace cosquillas y me deja ser completamente yo reflejada en ti (en cada uno de los “tus” que me acompañan hace tiempo). 

… Un día cualquiera … 



Un año

… ¿Debería significar algo? … 

Un año de mi pero contigo, un año en silencio compartido. Prefiero saberme aquí, protegida de todo, de todos, cerca de la figura que me mira a través del espejo y me sonríe… Yo, tú, el… que más dará. 

Dime… ¿he conseguido atravesarte con las palabras? tal vez… ¿inquietarte? ¿hacerte pedazos y rehacerte de nuevo? … Acaso, ¿has llorado? …  ¿gritado? … ¿reído hasta clavarte las carcajadas en los dientes o en los labios? ¿Has podido sentirte dentro de alguna frase, como parte de ella? ¿has saltado de una línea a otra con las manos temblando? … Quizás… ¿has querido formar parte de este escenario de papel que se abrasa por dentro, devorándose hasta deshacerse para reconstruirse de nuevo?

No, no creo que haya podido conseguir tanto… entonces… ¿Para qué escribir en un blog?

Intenciones:

¿Conocerme?          ¿Conocerte?        ¿Aparentar?       ¿Prevenir(te)?      ¿Discutir con palabras (hacia dentro)?    ¿Compartir(te)?     ¿Idealizar(te)?      ¿Mentir(te)?       ¿Crear(te)?       ¿Crecer?       ¿Dibujar ilusiones persistentes en papel mojado?       ¿Sangrar lágrimas?         ¿Entenderme-te?        ¿Buscarme-te?       ¿Perderme y, tal vez, encontrarme? 

Es cierto… siempre hay excusas, esclusas compartidas entre dos bocas silenciadas por el agua que destruye las ideas cuando atraviesa el espacio con corrientes de deseo, impulsos y fracasos.

Damos razones por las que escribimos, cantamos (yo no… que no canto), sentimos e incluso lloramos… Pero todo se resume en dos palabras: porque vivimos.

Lo se… yo escribo porque respiro a través de las palabras, llenan mis pulmones más que el propio oxígeno… dentro y fuera, consumo cada letra, cada frase con significado propio (el que yo le doy) aunque a veces carezcan de sentido. Me he acostumbrado y ahora prefiero lo abstracto, los días opacos con sentimientos no suprimidos del calendario para al final llegar a conclusiones varias:

      - Ni me entiendo yo ni soy capaz de entender a otros a través de tanta apariencia redactada con la sangre del miedo a no saber quienes somos, o a no querer saberlo. 

Y ahora… ¿Tanto tiempo ha pasado? Un año de absurdos comienzos y finales con testigos del éxito y el fracaso de vivir con un “espacio público” para un “público con poco espacio”. 

Sé, como único resultado verdadero (que no acertado), que mis manos han ocupado mi presencia y han escrito a través de mi, cerrando la puerta para aquel que no tenía permiso para entrar y merodear por esta cerca, cerca de mis huesos, mis ideas tachadas con la tiza y atravesadas con la punta de la flecha que me hace escupir palabras mientras vivo, hablo y respiro.  

Y como dijera hace un año al empezar esta locura llamada blog:

 

“El circo de la vida, bienvenidos”.  

 

30 de enero de 2009… y aún me cuesta escribir el nueve dentro y fuera de mi mente.



Trozos de mi… (trazos e indicaciones de uso)

La inspiración explota por mis venas, rompiendo, aniquilando y arrasando el espacio, la memoria.

¿Sabes interpretar sueños? A veces es mejor mantener los ojos abiertos y el corazón tapado (solo por si acaso). 

Sí… lo reconozco, he caído hasta el alma, hasta el fondo, hasta el último suspiro de mi sombra ha quedado atrapado, furtivo y por ello condenado, mil veces mutilado, perdido entre otras sombras congeladas en el tiempo, masacrado.

¿Dónde estoy? … 

¿Cómo unir cada parte de un todo enredado en versiones extendidas de una vida en peligro de extinción, engañada y suplicante? 

 

… Cuando ya no quedan respuestas, ni voces capaces de entrar dentro del blindaje que aísla a este… 

¿corazón? 


Sin título
Noviembre 16, 2008, 2:03 am
Archivado en: Desvaríos, El sin sentido, Inventando, Querido nadie, Respirando

Que respiro de mi aire porque ya no queda espacio para otro pulmón entre mis dedos, no me pidas colocarte mirandome, hacía dentro, que en este cuerpo solo queda tatuada una palabra: “destierro”, así que corre, cruza y atraviesa el espejo para no verme en mis ojos reflejada en otra sombra, adherida a otra esencia, rancía, descompuesta.

Y alejándote grité: ¡vete! cuando quería decir, ¡no desaparezcas!

* Y sigo aquí, pero con otras cartas en la mesa.



Cuando se que no existes pero te invento cada día.
Junio 22, 2008, 3:42 am
Archivado en: Ausencia, Creando, Desvaríos, Humo, Querido nadie, Sintiendo

Sigo tus manos, – perdona… ¿te molesta que sean tus ojos los que abran los míos al despertar?, lo se, he tomado prestada tu imagen para aferrarme a una idea, un experimento que atraviese mis sentidos doblegándome en las ansías de sentir un cuerpo bajo las curvas que perfilan las líneas sin forma de mis fantasmas escenificados en teatros anónimos, imperfectos.

Creándote en el abismo que separa las lágrimas que no he derramado y los espejos que maltratan cada sonrisa que me invento, que te invento.

Cada día un vaivén diferente, hoy me quedo arriba hasta mañana y viceversa.



Evíta-me

Y persisto en el empeño de seguirte aunque mis ojos caígan derrotados, golpeados por este silencio, por la espera que ya no espera compañía, por la ausencia de unos labios que sonríen castigados, mezcolanza de sentidos de los sueños apagados.

Me derrito, digo alto, me derrumbo, ocaso, acaso, te castigo, me castigo.

Sola soy para mis brazos, sola para mi vida, para este espejo que ya casi no me mira.

Evítame.

Olvídame.

No, no guardo las espinas que me arranco de la piel. No tengo esperanzas, no creo, creo.

Sin sentido muerdo las palabras para desaparecer en ellas cuando no consigo pronunciarlas, sí, me quedo en este vacío, entre lo que es y no es, allí, aquí, me quedo conmigo, sin ti…

sin ti,

sin ti.

Pero… ¿Quién eres?

¿Mi sombra? ¿Mi otro yo defigurado atrapado en un infierno de sonrisas que lloran?

Estado: Comunicando. Apagada o fuera de cobertura.



Hojas de papel en blanco.

Idealizandote…

Atrapada entre recuerdos que aún no han salido del vientre de una virgen y lágrimas que intentan llorar y lo consiguen. Lágrimas transformadas en gotas de agua recorriendo a pasos cansados mi rostro, encontrando, sorprendidas, una sonrisa a mitad de camino entre la vida y la muerte.

Qué fácil es creerte otro, perfecto, como aquel que parece pero no es, que solo aparenta,

¿Será que te envidio?

Quizás, solo esté describiendo lo que veo cuando me mira el espejo. Lo se, soy solo una apariencia de algo que no es, así como somos todos, ¿no?

Y vuelvo a caer en el error, son casi las cuatro y media de la madrugada, estoy sentada delante del ordenador como todas las noches y los días, pero hoy, sin nada que decir o no encontrando la forma de imprimir mis venas en hojas de papel en blanco. No se escupir tinta roja de mi sangre para rellenarlo, por lo tanto, esperaré a ser capaz de no mentirte al escribirlo.

Paso a paso.



Sinsentidoalguno

No pensar, no. Hacerle un hueco en la cama a la imaginación para que se quede a dormir esta noche conmigo. Dejar que las palabras escupan al aire y que no retrocedan en su camino, que no me miren al mirarlas, que se escondan y no se queden aquí, atrapadas en mis ojos, hasta que sea capaz de enfrentarme a ellas, de pie, de frente o sentada.

Palabras que no dicen nada.

¿Te he encontrado? Creo que, más bien, he tropezado con la persona que quisiera, fueras alguna vez, y eso dista bastante de la realidad. ¿Sabes? Me gustaría guardarte en mi bolsillo y tenerte lo suficientemente cerca para sentirte y lo suficientemente lejos para no herirte, barra “me”, con el juego de silencios que comparto con mis manos y mis miedos. 

Me gusta escribir sin sentido, con ganas, dejando que sean mis dedos los que lleguen a conclusiones abstractas y no ser yo la que piense y se exponga.

Me gusta que al principio las palabras carezcan de sentido completo y al volver a leerlo, encontrarles la pieza que faltaba y entender que no me entiendo, que hoy me sobra el aire para compartirlo contigo, que quisiera encontrarme con el sonido de tu respiración en mi nuca y aún no te he conocido, porque se que existes y no, o que tal vez ya no quiero conocerte. 

¿Dónde están los pies? ¿Dónde la cabeza de lo que digo? Ayer, hoy, mañana, que se yo si no se nada, ayer contigo, hoy conmigo y mañana, el mañana temblará por no conocer el rumbo de sus pasos hacia el ocho acostado. 

Hoy, día de grandes recorridos con dos sonrisas a mi lado, de otro continente y otras vidas, que prefirieron quedarse junto a mi, y ha sido emocionante creer, conocer, caminar, esperar y no hallar(te), crecer, hablar, entender, querer profundizar, comer, sentir, escuchar, saber, seguir… 

Consigues hacerme sonreír obligándome a mirarme al espejo después, para verme a mi misma conmigo y con mi sonrisa pegada a unos labios cerrados que gritan por dentro: 

“Te necesito (otra vez)”