Mirándome (a escondidas, desde lejos)


Atropellando al tiempo

Las calles hablan...

Los días corren una carrera de fondo y aguanta el que más puede y no el que más argumentos ofrece. Todavía siento el frío de Praga y el aliento de la nieve copulando con el viento de Viena. Aún me pesan las pestañas y las piernas de arrastrar tres cuerpos y un mismo presente cerca de las puertas de mi casa hace una semana, y de hablar con hombres uniformados para poner dos denuncias de robo en menos de tres semanas… pero… ¿qué le sucede al mundo?  Mientras tanto, sigo recordando que estamos vivos, y que una vez, no hace tanto tiempo, éramos dos personas viajando y  dibujando nuestros nombres, invisibles, en otras orillas lejanas a este silencio. Supongo que las consecuencias de aproximarse tanto a la utopía son parecidas a este sabor dulce y amargo que me arrastra a esta mezcla baldía de recuerdos. Y ya lo sé, no busco suficiencias en mi vida, me conformo con salir a la calle una noche cualquiera y llegar a reconocerte sin haberte hablado antes, y ser capaz de decirte: “¿me recuerdas?…” Lo curioso de sentirse así es escribir esta verborrea de palabras que me deja atontada y sin reflejos. Quizás sean demasiadas historias para tan poco tiempo o tal vez, pararse a pensar exige matarnos poco a poco, en silencio… y no me gusta y no lo entiendo. Vivir,… vivir es esto… ¿y eso era todo? Lo bueno es que a veces llueve y caminas por la calle, y la música te canta y observas la vida que viven los de fuera y sonríes, pero sonríes porque así, de repente, te encuentras en una calle que te habla y te dice cosas como en esta fotografía (justo esta frase tan utilizada) y no puedes evitarlo, y te lanzas a la vida, y  vuelves a sonreír porque al final resulta que estar vivo es todo esto… y mucho más. 

Supongo que si no escribo es porque estoy viviendo… (o porque nunca he sabido organizar bien el tiempo). 



Un martes cualquiera
Octubre 14, 2009, 1:15 am
Archivado en: Pequeños placeres diarios, Personal, Sonriendo, Vida

 

Realidades pasajeras

Realidades pasajeras

Destrozando rutinas con los labios abiertos, las palabras partidas y las venas encima de la mesa… Sigo sonriendo porque ya no cuesta la vida hacer el gesto y me gusta como suenan las sonrisas de sabores ajenos, las verdades a la cara y esta ruptura con el silencio…

Suficiente para un día como hoy, un martes cualquiera de este calendario, sea 13 o sea 30… (¿dónde dejé mi superstición barata?)

Y acabar la noche con palabras francesas… casi como vivir un Erasmus en tu propia casa… ¿puede ser real? 



La realidad dispersa

  

 

Cuando no queda otra opción que seguir

Cuando no queda otra opción que seguir hacia adelante

Estoy cansada, el viento escupe aire caliente y el corazón late. Vivir casi un mes en otro país y compartir la casa con un niño tiene este tipo de consecuencias… (maravillosas). He vuelto a repetir mis pasos, sigo aquí un año después y mis palabras siguen sonando aunque canten solamente dentro de mi cabeza. Escribir para mi o escribir para el resto… a veces no distingo bien la línea que ME/LO separa, lo de dentro dentro queda y lo de fuera… mmm… ¿qué hay? el tiempo se apaga en este mundo, una semana y… ¿volverá la vida a ser lo que era?

Demasiadas preguntas…

Me siento ausente pero viva…

(¿Te sientes?) 



Realidad y humo
Mayo 23, 2009, 8:07 pm
Archivado en: Huella, Personal

Piedras en el parque

Si pudiera dejar mis huellas en alquiler o a la espera para llegar a mí, adherirme a cada esencia y tenerme justo enfrente del abismo y sentirme, y sentarme y permanecer aquí, atando piedras en las calles, en el camino, diluyéndome en cada respiración, fragmentándome y desprendiéndome de retazos de mí. Si pudiera, no huiría, me quedaría aquí, a la espera de mi próxima actuación, recogería cada parte que quedó, me guardaría en una caja de recuerdos, de nostalgias y de espacios aparte y colgaría el cartél de “abierto” y adelante… pero no puedo, me deshago y me pliego, me retuerzo y quemo cada espina que intenta clavarse a la realidad podrida de esquemas sin palabras y esquinas que dibujan secretos en las manos y en el cuerpo.

Para que no me duela, para que no me veas, me alejo.



¿Lo siento?

Derramando esperpentos por la boca, suicidando a las palabras, a los sentidos, invocando paridades pasajeras “empaticamente indispuestas”, dos labios que al hablar solo se malinterpretan. Perfumando este silencio esclavizando las virtudes, escupiendo serpientes pusilánimes que son solo apariencia. Diseñando cada paso del ritual que me ayuda a alejarme del problema. Distanciando sentimientos teñidos y al baño maría, rompiendo con lo propio y con lo impropio, desistiendo de ser la dueña y señora de este vacío, de este “petit enfer” que viene a visitarme por las noches en forma de pesadilla.

Hoy no me valen tus palabras porque anulan a las mías

¿Qué queda? … “Sonreír y tirar pa’lante”



Y jugar al escondite…
Mayo 5, 2009, 4:37 pm
Archivado en: Cambios, Desvaríos, Personal, Recuerda, Sintiendo, Vida, infancia, ser humano

Regalo días de mentira, de memoria malgastada con sabor a chocolate y golosinas en un patio de colegio.

Regalo pegatinas, hojas de cambio, tazos, diábolos, combas, álbumes de cromos de jugadores de fútbol ya olvidados o de princesas de Disney. Regalo chapas, chicles pegados a la suela del zapato y yoyós de segunda, tercera y cuarta mano.

Regalo los recuerdos (sólo algunos), pero, … ¡ojo!…  NO me vendo.

Regalo extensiones difusas de mi cuerpo, regiones y espacios a explorar con derecho a entrada y a SALIDA, pero no a plazo fijo.

Me regalo cada día con esencias de vacío.

Total… ya no recuerdo lo que era ser “un niño” (aunque a veces siga comportándome como tal).

¿Y qué le voy a hacer si ya nunca jugamos al escondite inglés y nadie grita al otro lado del patio “un, dos, tres caravana es”?




Cuando todo se torna cotidiano…

La cama está deshecha pero no por el movimiento de dos cuerpos  mezclándose con ella, está deshecha porque mis manos han querido anticiparse al cierre de los ojos voluntario-obligatorio para introducirme en eso que llaman “sueño” y que los domingos por la noche se traduce en una manifestación de mi cuerpo y mi mente contra mi propia voluntad de hacerlo, de dejarme llevar y caer junto a Morfeo.

Es domingo y no duermo, solo escribo con relleno del barato, con grandes cantidades de vacío acumulado en las palabras, que cesaron de salir de mis labios y desaparecieron sin dejar una nota encima de la mesa o una huella delante del espejo, será que ya debería estar durmiendo y volviendo a la realidad que me espera y oprime (pero sin asfixiar) cada semana, supongo que son aspectos de una vida normal y por eso tengo un despertador dispuesto a gritarme, chillarme y asustarme a las 6:55 de la mañana, el problema está en que el reloj me escupe la hora y se acerca peligrosamente a las dos de la madrugada.

En fin, que me agota cuando no tengo nada extraordinario que contar o cuando no puedo hacer de lo cotidiano algo extraordinario, quizás mañana el aire cambie y las palabras también lo hagan, las historias y mi vida.

Buenas noches ojos que buscan mentes despiertas, venas abiertas y letras selladas con sabor a miel de la buena, buenas noches a tientas, que ahora toca resguardarse de la vida por un rato.

- ¿Me esperarás mañana a la hora acordada en el bar de la esquina?

… y mientras tanto pienso: ojalá tuviera tiempo o supiera como estirarlo para quedarme allí, contigo.



Incongruencia

Cuando digo que sí pero quiero decir que no, cuando me callo, me ato las palabras en los labios y me atraganto. Cuando te busco porque tú no me buscas. Cuando me escondo porque sé que quieres algo. Cuando mis manos pesan y recordar duele demasiado. Cuando insisto porque sé que no voy a conseguir alcanzarlo, y caigo y me hundo y sumerjo esta sensación de derrota entre mis sábanas, entrelazando realidades opuestas con finales ridículamente escandalosos y absurdos, porque aún hoy, no sé cómo traducir algunas palabras en actos que calmen a esta esencia de vacío auto proclamado. Cuando desaparezco hacia dentro y sonrío hacia fuera. Cuando aíslo el espacio dividiendo mi respiración por cada paso que me arrastra hacia un caos voluntario.

Porque sé que todo es mentira, porque sé que me hace daño… por eso retrocedo, pienso, me paro y me planto.

(Se me olvidaba apuntar-me en la lista de espera para las personas que necesitan una nueva motivación… y además, necesito recordar que el fin de semana otros ojos miraban a través de mi y que alguien respiraba alrededor de mi cuello).

(Solo por si acaso se me ocurre huir o alejarme demasiado)



Bienvenida

Levantarme en mi cama, respirar de toda esencia que quedó cuando dejé la puerta entrecerrada, con las manos temblorosas, la espalda girada y los ojos clavados en otra puerta, la que indica la salida y que, aproximadamente, cada 30 días, me grita: – ¡hola!; muy bajito, cuando piso la alfombra que siempre espera quieta, sorprendida en el mismo sitio, para limpiarme de todo lo que soy cuando estoy en ese otro lugar que ahora dibuja otra realidad en mi vida, para mimetizarme del ambiente, y sentime bienvenida en un mundo que quedó paralizado hace 3 años.

… Eso que llaman HOGAR…

Hemos enterrado demasiadas palabras, suspirado en demasiados lugares y ahora… respirando el aire y compartiendo el espacio y la memoria, diría que estoy aquí porque quiero y puedo, porque aún queda algo que le permite a mi mente regresar al pasado aunque todo sea diferente, y la vida signifique y se describa con otro sabor que completa cada paso que damos, hacia no se sabe dónde ni porqué, una lucha, un camino no descrito aunque semejante, de otros tantos ilusos que caminaron con el ritmo de los ojos, a través de los cuerpos, y del movimiento de lo que late dentro y fuera de uno mismo…

¡Oh, corazón coraza!



Recordando

Cuando una melodía me recuerda a ti y mi garganta articula las palabras que me llevan al lugar donde te conocí. Cuando camino “a posta” por delante de aquel bar donde un cuerpo cayó encima de otro cuerpo por pura inercia. Cuando veo las fotos y pienso: “fue real, que sí, que no me inventé un cuento para ser capaz de dormir por las noches, que no es una droga para calmar a todos mis quieros”.

¿Será que tengo miedo?

De momento prefiero callarme y seguir sonriendo con un corazón tapado debajo del pecho… (cursi-cursi-cursi).

– En fin, que ya queda olvidado.