Mirándome (a escondidas, desde lejos)


La Piccola

Sonrisas que saben a ese bar de la esquina que tanto nos gusta.

Me quedaría atrapada dentro de cada figura que atraviesa la puerta, ¿sabes? sería ese niño que corre y saluda a través de una ventana permitiéndose el lujo de no temer absolutamente nada.

Te miraría y me quedaría contigo.

Serviría las mesas, ayudaría en la cocina, aprendería y memorizaría la receta del preparado que le hacen al sandwich de pollo que le gustaba tanto a aquella chica de ojos azules que jugaba con su cigarro diez minutos antes de encenderlo, y que tardaba cinco minutos en apagarlo, sí, aquella que un día quiso soñar y autoinventarse una realidad paralela (y alejarse e intentarlo, … ¡valiente!)

Sería esa mujer que mira por la ventana buscando realidades opuestas, imaginándose las vidas de las personas que quedan congeladas en sus ojos y en sus párpados. Sería su sombra, su piel y sus labios.

Sería los cuerpos que se saludan, las manos que se chocan, la comida que masticas, la bebida, el humo que expulsas, la música, la televisión de fondo sin sonido incorporado, la falta de propina y un gracias por cada vez que te acercas para comprobar si todo está como hemos deseado.

A veces me pregunto qué pensarán al vernos siempre en el mismo lugar con la mirada perdida, absorta en las conversaciones que hacen que una hora se transforme en tres y tres personas en una…

Quién sabe… Creo que sería capaz de dibujar nuestra realidad, transformarla y describirla secuestrando percepciones realistas y creando recuerdos quiméricos más allá de las palabras, porque aún nos queda algo para intentar seguir respirando sin atragantarnos demasiado.



Recordando

Cuando una melodía me recuerda a ti y mi garganta articula las palabras que me llevan al lugar donde te conocí. Cuando camino “a posta” por delante de aquel bar donde un cuerpo cayó encima de otro cuerpo por pura inercia. Cuando veo las fotos y pienso: “fue real, que sí, que no me inventé un cuento para ser capaz de dormir por las noches, que no es una droga para calmar a todos mis quieros”.

¿Será que tengo miedo?

De momento prefiero callarme y seguir sonriendo con un corazón tapado debajo del pecho… (cursi-cursi-cursi).

– En fin, que ya queda olvidado.



Un tranvía que se va…

Y tú alejándote…

… Y yo sin mirar atrás.

La historia que termina cuando acaba de empezar. Unas manos devorando a otras manos, rodeando el espacio que ocupamos en una calle oscura ausente de figuras vespertinas, solo dos cuerpos tumbados en el suelo, respirando y bailando al unísono la misma melodía. Aún tirito al recordarlo. Creo que solo has sido un sueño mutilado por las ansías, por la espera y las palabras cuando estas se utilizan solo para rellenar el vacío que separa a nuestros labios, a mis miedos a romper mis reglas autoimpuestas o al temor de hacerme daño o hacerte daño.

Adoro las noches llenas de casualidades y no encuentro una forma mejor de haber celebrado un año más, salvo esta:

“La hora planeta-luces fuera-nevera apagada-velas encima de la mesa-una tarta-soplar y pedir un deseo-fotos-palabras-21:30 volver a encenderlo todo-una idea-salir esta noche aunque no tengamos tiempo-muy buena compañía-una llamada-cervezas-bares-no buscar nada y encontrarlo todo-una mirada (muchas miradas)-un argentino-y pasar la noche en vela caminando y recorriendo la ciudad y tu cuerpo-tengo frío-toma mi jersey-no lo quiero (y me hago la fuerte)-yo te tapo flaca (y me dices flaquita al oído)-pidiendo cigarros, a ti te hacen caso-a mi no-el cuerpo mojado-llueve pero seguimos caminando-y hablando-unas manos que se aprietan-unos ojos que se buscan-unos labios que se muerden-ser un solo cuerpo y ver amanecer a través de los edificios rotos por el tiempo-limpiadores de la calle que dan los buenos días-una foto contigo-intercambios de coletas-quieres una rasta de recuerdo-y me miras y pregunto ¿qué?-y respondes ¿qué? y nos reímos como dos estúpidos-y lo intentas-y se acaba-¿segura que quieres algo de recuerdo? preguntas- y me das un anillo a cambio de un pañuelo para saber que fue real, que fue cierto-te levantas-me levantas-y solo queda un beso, un abrazo, una despedida y un cierre-hasta siempre-para, al final, llegar a casa de día y sonriendo, sabiendo que ya no te volveré a ver nunca más”.


Y dejar que todo quede ahí, porque ayer la noche se hizo nuestra y por eso tiene fin.





Un día cualquiera…

Me he despertado sonriendo, con el alma en las manos y el corazón palpitando de puro miedo teñido y reconvertido en agua diluyéndose, atraída por el suelo. He colgado en la pared una palabra: “quejica”, solo por si así consigo no quejarme demasiado y dejar que todo el aire y toda esencia de vida atraviese cada poro, cada recoveco y transforme mis palabras en “quieros” y “puedos“… Que la vida se me escapa, es cierto, no manejo el telón de este escenario, ni conozco las pautas que persiguen las señoras de las calles, de las esquinas y los floreros rotos.

Y sigue lloviendo y yo sonrío con precaución y demora, pero sonriendo, que las gotas que oprimen a este cuerpo no permiten que los ojos vean más allá, ni atraviesen el silencio, y por eso me levanto, me conecto la bateria de reserva, obligo a mis piernas a moverse, a mis dedos, me dibujo un rostro dispuesto al cambio, a sufrir y a saber congelar este cachito de tiempo que me hace cosquillas y me deja ser completamente yo reflejada en ti (en cada uno de los “tus” que me acompañan hace tiempo). 

… Un día cualquiera … 



Closer
Marzo 4, 2009, 11:36 pm
Archivado en: Cine, Esperanza y vida, Idealizando, Películas, ser humano

Pocas historias comienzan con una entrada tan sutil y brutal como esta… ! y cómo me gusta… ! La música, un cuerpo atrapado en la mirada de otro cuerpo, desconocidos que rompen la barrera entre el silencio y la palabra, lo que no quedó latente encerrado en cuatro ojos pasajeros… y cuando todo parece terminar sin haber comenzado, comienza:

- Hola desconocido.

“I can’t take my eyes off of you”




Luis Ramiro
Febrero 26, 2009, 1:12 am
Archivado en: Cantautores, Idealizando, Luis Ramiro, Música, Sintiendo

Atravesando el aire, el viento y la distancia para llegar justo aquí, a este momento… ¿dónde estamos? ¿dónde fuimos? ¿qué nos queda?

Lluvia de ideas. Palabras. Sentimientos.

Y si te dijera que me he quedado enganchada a tu voz, ¿me creerías? ¿Cuánto tiempo hace que te escucho? ¿Cuántas veces me he dejado desgarrar a través de cada letra, a través de la respiración al otro lado del espacio que separa a esta tierra de otras tierras? ¿5 años? Te conocí cuando solo eras una voz sonando en mi mp3, cuando no tenías cara y tu nombre solo era eso, palabras. Y ahora, como a todo buen cantautor, sin conocerte, me has acompañado más allá de la realidad imaginada dentro de mi cabeza.

Hay tantos que rasgan corazones con las cuerdas de la voz, de la guitarra y del alma. Hoy me apetecía ponerle a él como ejemplo, al buen Luis Ramiro, pero, quizás algún día rompa fragmentos de mi vida y de las venas que me rodean deletreando cada letra de los nombres que cantan conmigo dentro de mi ordenador, de mi móvil o de mi mp3 (Sabina, Serrano, Marwan, Cesar Rodriguez, Chaouen, Fran Fernández, Jose Antonio Delgado, Paco Cifuentes, Miguel Dantart, Kiko Tovar, Lucas, Zahara e íncluso algún canario como Jesús Garriga o Luis Quintana… y tantos otros que componen el camino de vuelta a casa).

¿Canarias está tan lejos de Madrid o Andalucía?

… y la primera canción que creo que escuché de él:



La Palma
Mi cuerpo y el Poris de Candelaria

Mi cuerpo y el Poris de Candelaria

Es curioso, han transcurrido días, horas, nervios clavados en pupilas cortando lágrimas retenidas en la frontera entre la ira y la locura o la genialidad, lágrimas incapaces de llorar, manos atrapando fotogramas de la vida con cámaras fotográficas, y la memoria, y yo aún persisto evitando girasoles ciegos, arrebatándonos parte de lo que nos toca por derecho, respirar. 

Han sucedido tantas cosas.

Un viaje de ida y vuelta, dos aviones en miniatura, seis ojos reunidos en el tiempo y el espacio sin quererlo, sin buscarlo. Cuestas hacía arriba y hacia abajo. Verde, negro y marrón decorando el paisaje más cercano (y alejado). Tres personas acostumbradas a vivir juntas, pero, esta vez, en una casa diferente. Salir con el bikini puesto y terminar haciendo una caminata de tres horas (al menos). Descubrirte dentro de un árbol y recordarte (y quedarme contigo un rato). Hoy el cielo discute con las nubes y esculpe significados distintos a los sueños. El aire sabe a limpio y el cuerpo aún resiste aunque poco a poco se muera por dentro. Dedos aplastados entre las piernas y las piedras hundidas abrazando los zapatos. Fotos guardando los detalles que obviamos cuando somos solo presencia dentro de un escenario. Volcanes. Faros. Vehículos recorriendo carreteras para jóvenes suicidas o para aquellos que saben que lo bello a veces está detrás de algo que se antoja peligroso, lo se, quizás, algunas veces hace falta salir a la calle para poder respirar y otras, la belleza está en el sonido de la voz ajena que suspira rompiendo soledades, distancias, y que escruta miradas en el espejo y en el cuerpo que queda enfrente, retenido a voluntad. Música, un concierto para almas cansadas cayendo hacia adentro, apaga la luz y vayamos a dormir (es cierto, lo pienso pero no lo hago, y ahí está el cambio). Cervezas. Escondernos de… Evitar la… buscar otros caminos para no encontrar a… y de fondo nuestras bocas gesticulando algo así como sonrisas nerviosas provocadas por la emoción repentina, el temor y por intentar jugar al escondite con la tentación. Hoy gano yo. Dormir. Último día. Mercadillo, dulces, comida, hippies, barrancos, playas, acantilados y una cueva para quedarnos a vivir una parte de la historia del lienzo que compone y recrea un fragmento de nuestra vida.

Y Escribirlo muy adentro de mi propia sombra, de la curvatura de mi cuerpo, de los huesos, de las ansias, para no olvidar lo que sentí cuando fuimos ese “algo” distinto a lo que somos ahora al mirarnos en el espejo. 

Un Viaje de ida y vuelta. Tres días. Tres vidas. Una única sensación: Libertad. 

Y ahora ni aquí ni allí, sino en casa por Carnavales. ¿Mañana disfraz? 



En noches como esta

Llegué justo en ese instante… cuando las manos tiemblan y las palabras se derrumdan ante unos huesos cansados de esperar y de quedarse paralizados. 

El tiempo muere, yo muero, las células y mis ojos mueren, las ganas, las garras que descuartizan el ánima, hasta el aire muere perdido entre calada y calada del veneno que aniquila mi respiración y mis pulmones. 

Y cuando me pensaba sola, ausente de respuestas, quedaba alguien al otro lado de la pantalla de un ordenador. Adoro pasar la noche mezclando palabras, melodías y escuchando al gran maestro Joaquín Sabina. 

Solo en noches como esta… 



Alma de poeta
Poetas de dramas cotidianos... tragicomedias inventadas circunscritas a cierto grado de realidad

Poetas de dramas cotidianos... tragicomedias inventadas circunscritas a cierto grado de realidad

Tendencia al declive cuando callamos, convirtiéndonos en personas no adaptadas podridas de sentir.

Vicios estorbando las miradas que recrean un infierno creado y moldeado en promesas que murieron antes de surgir.

Promesas previas al fracaso que rodea y completa el caos cotidiano que persiste en supurar cada milímetro de las heridas que decidieron permanecer abiertas porque si.

La decadencia humana,

el aire intoxicado,

el tiempo,

¿qué es el tiempo?

Quisiera ser un robot para tener el corazón fuera del cuerpo,

el cuerpo fuera del espacio,

y estas ansías de vivir, suplantadas por el eco de unos pasos con sonidos de hojalata, diseñados para proseguir sin procrear ni existir,

y poder decidir si viajar al futuro o quedarnos en el presente.

Pero, …


… somos humanos y compartimos elecciones que queman las palabras,

viaductos abiertos para bocas cerradas,

caminos con luces dibujando casas con huéspedes para almas cansadas.

Somos eso.

Paradojas del aire compartido con promesas que atragantan las gargantas con los planes inconclusos.

El arte,

la poesía en movimiento,

los labios que muerden a otros labios,

los alientos que comparten otras bocas,

los sueños que engloban otros sueños,

los ritmos que rompen suelos movedizos y febriles, cómplices del miedo,

las sonrisas que reflejan las miradas inequívocas cuando dos o tres personas se convierten en un solo himno cantando en la ducha a cualquier hora.

Somos lo que queda latente y lo que exprimimos de entre cada latido de esencias, de vidas que a veces ambicionan demasiado o que olvidan que a veces es necesaria la ambición para alcanzar y vivir por algo o por alguien.

También somos las cascaras de lo que fuimos y olvidamos esparcidas por el sofá,

los televisores apagados.

Y de fondo “alguien” que habla y dice algo así como:

“Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos”.


Mientras, se aproximan unas manos que escriben que escribimos para existir si es que existimos como parte de la esencia que queda al leernos, cuando leerte y leerme equipara el valor de vivirme y vivirte respirándonos a medias, desgarrándonos, gritándonos muy bajito y exponiéndonos en libertad y al desnudo ante el desastre que implica tener testigos del milagro o la desdicha de sabernos más cercanos en el tiempo, ajenos al pasado, apresando en cada letra lo que siento cuando dos y uno pasan a formar uno y dos voces de la conciencia dialogando en mi cabeza.

Por ustedes.

     ALMA DE POETA que compartimos.

Conversaciones contigo.



PIPI-PIPI (Nuevo mensaje recibido)
Febrero 4, 2009, 12:00 am
Archivado en: Desvaríos, Idealizando, Pasado, Recuerda, Sintiendo, Vida, infancia

Levantarme con un mensaje en el móvil con escaso significado y descubrir, así, de repente, que allí quedaba guardado y almacenado parte de mi pasado. 

Y quedarme sonriendo, como una tonta, mirando a la pantalla del ordenador (pero sin lágrimas, que aún no es el momento adecuado para quebrarme y deshacerme en millones de pedazos, no, aún no es el momento de recordar y acelerar el latido del corazón hasta dejarlo paralizado o congelado por el miedo al autocontrol). 

Solo fue necesario darle al “play” para abrirme de arriba a abajo y aplastarme en medio de una mezcolanza de sentidos confundidos por el tiempo y la falta de costumbre del recuerdo propio y ajeno de la vida con sabor a chocolate y a helados de verano. Sí, se que una vez fui una niña de nueve años, el problema está en que apenas lo recuerdo. 

¿Tan sencillo? 

 

Mensaje

 

No lo parece.