Luis Ramiro
Atravesando el aire, el viento y la distancia para llegar justo aquí, a este momento… ¿dónde estamos? ¿dónde fuimos? ¿qué nos queda?
Lluvia de ideas. Palabras. Sentimientos.
Y si te dijera que me he quedado enganchada a tu voz, ¿me creerías? ¿Cuánto tiempo hace que te escucho? ¿Cuántas veces me he dejado desgarrar a través de cada letra, a través de la respiración al otro lado del espacio que separa a esta tierra de otras tierras? ¿5 años? Te conocí cuando solo eras una voz sonando en mi mp3, cuando no tenías cara y tu nombre solo era eso, palabras. Y ahora, como a todo buen cantautor, sin conocerte, me has acompañado más allá de la realidad imaginada dentro de mi cabeza.
Hay tantos que rasgan corazones con las cuerdas de la voz, de la guitarra y del alma. Hoy me apetecía ponerle a él como ejemplo, al buen Luis Ramiro, pero, quizás algún día rompa fragmentos de mi vida y de las venas que me rodean deletreando cada letra de los nombres que cantan conmigo dentro de mi ordenador, de mi móvil o de mi mp3 (Sabina, Serrano, Marwan, Cesar Rodriguez, Chaouen, Fran Fernández, Jose Antonio Delgado, Paco Cifuentes, Miguel Dantart, Kiko Tovar, Lucas, Zahara e íncluso algún canario como Jesús Garriga o Luis Quintana… y tantos otros que componen el camino de vuelta a casa).
¿Canarias está tan lejos de Madrid o Andalucía?
… y la primera canción que creo que escuché de él:
2 comentarios
Hoy… Disfrazándome (de mi) y hace dos noches, de otra “cualquiera”
¿Qué te pasa mascarita? Te conozco.
Reencuentros que apaciguan el hastío, el alma y esta sensación de retraso acumulado en las palabras, en la garganta.
Ya no duele como antes.
Te miré, es cierto, sé que aún puedo reconocerte e interpretar tus lágrimas.
Compramos pintura blanca para ocultarnos detrás de una careta dibujada (que no real), pintura negra, roja, crema, maquillaje. Ahora no puedo beber a través de los labios de una “geisha”.
Cabalgata, niños, disfraces, pijamas, mimos, señoras de la calle (de la esquina), piratas, sueños y vida dentro de cada persona a la que mirar dentro de sus ojos.
Cena, Mc Donald. Cerveza viene y cerveza va. Último retoque. ¡Taaaxi! y dedicar la noche a sentirla contigo.
A veces se me olvida
(lo importante que es tenerles cerca)
Y de fondo suena lo que escuchaba hace justo un año: (recordando)
La Palma
Un Viaje de ida y vuelta. Tres días. Tres vidas. Una única sensación: Libertad.
Febrero 20, 2009, 7:45 pm
Archivado en: Descubriendo el mundo, Esperanza y vida, Idealizando, Personal, Respirando, Sintiendo, Viajes, Vida, equilibrio, ser humano
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Mi cuerpo y el Poris de Candelaria
Es curioso, han transcurrido días, horas, nervios clavados en pupilas cortando lágrimas retenidas en la frontera entre la ira y la locura o la genialidad, lágrimas incapaces de llorar, manos atrapando fotogramas de la vida con cámaras fotográficas, y la memoria, y yo aún persisto evitando girasoles ciegos, arrebatándonos parte de lo que nos toca por derecho, respirar.
Han sucedido tantas cosas.
Un viaje de ida y vuelta, dos aviones en miniatura, seis ojos reunidos en el tiempo y el espacio sin quererlo, sin buscarlo. Cuestas hacía arriba y hacia abajo. Verde, negro y marrón decorando el paisaje más cercano (y alejado). Tres personas acostumbradas a vivir juntas, pero, esta vez, en una casa diferente. Salir con el bikini puesto y terminar haciendo una caminata de tres horas (al menos). Descubrirte dentro de un árbol y recordarte (y quedarme contigo un rato). Hoy el cielo discute con las nubes y esculpe significados distintos a los sueños. El aire sabe a limpio y el cuerpo aún resiste aunque poco a poco se muera por dentro. Dedos aplastados entre las piernas y las piedras hundidas abrazando los zapatos. Fotos guardando los detalles que obviamos cuando somos solo presencia dentro de un escenario. Volcanes. Faros. Vehículos recorriendo carreteras para jóvenes suicidas o para aquellos que saben que lo bello a veces está detrás de algo que se antoja peligroso, lo se, quizás, algunas veces hace falta salir a la calle para poder respirar y otras, la belleza está en el sonido de la voz ajena que suspira rompiendo soledades, distancias, y que escruta miradas en el espejo y en el cuerpo que queda enfrente, retenido a voluntad. Música, un concierto para almas cansadas cayendo hacia adentro, apaga la luz y vayamos a dormir (es cierto, lo pienso pero no lo hago, y ahí está el cambio). Cervezas. Escondernos de… Evitar la… buscar otros caminos para no encontrar a… y de fondo nuestras bocas gesticulando algo así como sonrisas nerviosas provocadas por la emoción repentina, el temor y por intentar jugar al escondite con la tentación. Hoy gano yo. Dormir. Último día. Mercadillo, dulces, comida, hippies, barrancos, playas, acantilados y una cueva para quedarnos a vivir una parte de la historia del lienzo que compone y recrea un fragmento de nuestra vida.
Y Escribirlo muy adentro de mi propia sombra, de la curvatura de mi cuerpo, de los huesos, de las ansias, para no olvidar lo que sentí cuando fuimos ese “algo” distinto a lo que somos ahora al mirarnos en el espejo.
Un Viaje de ida y vuelta. Tres días. Tres vidas. Una única sensación: Libertad.
Y ahora ni aquí ni allí, sino en casa por Carnavales. ¿Mañana disfraz?
Tan humana… como casi todos.
Febrero 13, 2009, 2:13 pm
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Odio esta parte de mi que me hace tan humana… creo que estaría temblando si ya fuera por la tarde, pero aún es pronto y me queda tiempo todavía. Si tuviera que clasificar o darle un nombre al estado en el que me encuentro sería “extrasensible”, que no hipersensible (acojonada también es una buena palabra para definirme). Hay demasiada vida acumulada en mis zapatos queriendo atravesar paisajes diferentes a los que ya he dibujado en la memoria, demasiados miedos estancados en la boca a punto de ser vomitados. Creo que a veces vivo por inercia y respondo sin pensarlo porque de no hacerlo así, me quedaría dentro de la cama aterrada incapaz de levantarme en las ideas y en los movimientos que permiten al ser humano vivir y haber vivido sin necesidad de aparentarlo.
He intentado arreglar cada aspecto de mi vida que la oprime, la reduce y la aniquila.
I try to fix me by fixing you… (o al contrario)
En fin, me voy de viaje hasta el domingo. Sigan sonriendo mientras tanto.
Asperezas por el odio
Febrero 12, 2009, 1:20 pm
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Odio esta sensación de vacío auto proclamado, hueco hasta el alma, profundo, y malintencionado. Odio la picadura de un mosquito, el dedo inflamado, infectado de momentos que fueron aire en el pecho de un soldado en otra guerra y otro tiempo. Odio el sabor que queda cuando alguien decepciona o es decepcionado. Odio las miradas de reprobación practicadas y ensayadas frente a un espejo, la vergüenza o desvergüenza desmedida, el silencio compartido cuando nada significa. Odio que me mires cuando no quiero o no puedo sostener tu mirada y mi sombra cae, muerta y despavorida por el odio. Odio encontrarme contigo cuando no me siento preparada. Odio esperar(te) y no encontrar(te). Odio este cansancio no fingido y estas ganas afligidas por los hechos cuando los planes tropiezan quebrados, rotos y cubiertos de los restos de otros planes que no fueron y quedaron atrapados para siempre en un vertedero de ojos y almas que han perdido infinitamente la batalla. Odio no terminar lo que me propongo, no concluir lo que he empezado, no saber qué quiero ni cómo llegar a ningún sitio. Odio sentirme incapaz de aparecer sola en determinados contextos, de necesitar a otro cuerpo para no creerme estúpida ante unos ojos ajenos. Odio este escozor que recorre la piel que se dibuja alrededor de mi cuerpo, el temblor de mis ojos cuando lloran, el color de mi rostro cuando se transforma en un rubor malinterpretado. Odio no verme fuera de mi cuerpo para saber qué es lo que piensas de mi. Odio que a veces no sea suficiente conmigo. Odio las mañanas en las que no me despierta el despertador sino un constante ruido (también odio el despertador). Odio el sonido de los pajaros la noche antes de un examen porque significa que aún no he dormido. Odio la traición. Odio necesitar a alguien que nunca responde como es debido. Odio las respuestas negativas. Odio ser tan quejica. Odio escribir acerca del odio porque solo alimenta esta parte de la vida que debería estar prohibida.
Odio…
Odio…
Odio…
Odio lo que siento al sentir que odio.
Es cierto, a veces, incluso, puedo llegar a odiarme a mi misma enferma de tanto odio.
Ausente
Febrero 11, 2009, 11:02 pm
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Días teñidos de color ocre amargo, cansancio acumulado en cada fibra, en cada palabra no pronunciada por el escándalo que se dibujaría si gritara mis pensamientos en alto, articulando cada miedo, cada repugnante sombra escurridiza que se oculta tras las pupilas de mi, tras el desastre de mi, el aire de mi, el silencio de mi, el cuerpo de mi, las manos de mi, los labios tapados de mi, las lágrimas de mi, tras la ausencia de mi.
Dejemos que caigan los deseos, que mueran putrefactos entre el olvido y la mentira, que se rompan y desaparezcan hasta sentirme capaz de volver a mirarme a la cara y querer buscarte dentro de un espejo sin colores ni dueño.
Dejémonos a un lado de momento.
Y decir que llevo todo el día durmiendo para olvidar esta realidad “autoinventada”, no sería exagerar.
En noches como esta
Febrero 7, 2009, 6:36 am
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Llegué justo en ese instante… cuando las manos tiemblan y las palabras se derrumdan ante unos huesos cansados de esperar y de quedarse paralizados.
El tiempo muere, yo muero, las células y mis ojos mueren, las ganas, las garras que descuartizan el ánima, hasta el aire muere perdido entre calada y calada del veneno que aniquila mi respiración y mis pulmones.
Y cuando me pensaba sola, ausente de respuestas, quedaba alguien al otro lado de la pantalla de un ordenador. Adoro pasar la noche mezclando palabras, melodías y escuchando al gran maestro Joaquín Sabina.
Solo en noches como esta…
Alma de poeta
¿qué es el tiempo?
Febrero 5, 2009, 9:06 pm
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Poetas de dramas cotidianos... tragicomedias inventadas circunscritas a cierto grado de realidad
Tendencia al declive cuando callamos, convirtiéndonos en personas no adaptadas podridas de sentir.
Vicios estorbando las miradas que recrean un infierno creado y moldeado en promesas que murieron antes de surgir.
Promesas previas al fracaso que rodea y completa el caos cotidiano que persiste en supurar cada milímetro de las heridas que decidieron permanecer abiertas porque si.
La decadencia humana,
el aire intoxicado,
el tiempo,
¿qué es el tiempo?
Quisiera ser un robot para tener el corazón fuera del cuerpo,
el cuerpo fuera del espacio,
y estas ansías de vivir, suplantadas por el eco de unos pasos con sonidos de hojalata, diseñados para proseguir sin procrear ni existir,
y poder decidir si viajar al futuro o quedarnos en el presente.
Pero, …
… somos humanos y compartimos elecciones que queman las palabras,
viaductos abiertos para bocas cerradas,
caminos con luces dibujando casas con huéspedes para almas cansadas.
Somos eso.
Paradojas del aire compartido con promesas que atragantan las gargantas con los planes inconclusos.
El arte,
la poesía en movimiento,
los labios que muerden a otros labios,
los alientos que comparten otras bocas,
los sueños que engloban otros sueños,
los ritmos que rompen suelos movedizos y febriles, cómplices del miedo,
las sonrisas que reflejan las miradas inequívocas cuando dos o tres personas se convierten en un solo himno cantando en la ducha a cualquier hora.
Somos lo que queda latente y lo que exprimimos de entre cada latido de esencias, de vidas que a veces ambicionan demasiado o que olvidan que a veces es necesaria la ambición para alcanzar y vivir por algo o por alguien.
También somos las cascaras de lo que fuimos y olvidamos esparcidas por el sofá,
los televisores apagados.
Y de fondo “alguien” que habla y dice algo así como:
“Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos”.
Mientras, se aproximan unas manos que escriben que escribimos para existir si es que existimos como parte de la esencia que queda al leernos, cuando leerte y leerme equipara el valor de vivirme y vivirte respirándonos a medias, desgarrándonos, gritándonos muy bajito y exponiéndonos en libertad y al desnudo ante el desastre que implica tener testigos del milagro o la desdicha de sabernos más cercanos en el tiempo, ajenos al pasado, apresando en cada letra lo que siento cuando dos y uno pasan a formar uno y dos voces de la conciencia dialogando en mi cabeza.
Por ustedes.
ALMA DE POETA que compartimos.
Conversaciones contigo.
Desenredándome las ideas
¡Acércate… !
Despiértame de este letargo que han quedado atrapadas hasta las mejores ideas dentro de una cama, conmigo. Necesito desintoxicarme de los últimos días junto a mi. Arráncame el veneno que consume mis mañanas transformándolas en tardes sin sentido, que todo el tiempo del mundo no es suficiente para cicatrizar una herida que lleva tanto tiempo expuesta ante unos ojos que no ven y un cuerpo que no espera ninguna respuesta.
¡Aléjate… !
¡Acércate… !
¡Haz lo que quieras… !
(Pero no me pidas más de lo que pueda darte)…
- Y diciendo esto, me alejé corriendo (en mi mente, siempre dentro de mi cabeza).
Pero… ¿Con quién hablo?
PIPI-PIPI (Nuevo mensaje recibido)
¿Tan sencillo?
Febrero 4, 2009, 12:00 am
Archivado en: Desvaríos, Idealizando, Pasado, Recuerda, Sintiendo, Vida, infancia
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Levantarme con un mensaje en el móvil con escaso significado y descubrir, así, de repente, que allí quedaba guardado y almacenado parte de mi pasado.
Y quedarme sonriendo, como una tonta, mirando a la pantalla del ordenador (pero sin lágrimas, que aún no es el momento adecuado para quebrarme y deshacerme en millones de pedazos, no, aún no es el momento de recordar y acelerar el latido del corazón hasta dejarlo paralizado o congelado por el miedo al autocontrol).
Solo fue necesario darle al “play” para abrirme de arriba a abajo y aplastarme en medio de una mezcolanza de sentidos confundidos por el tiempo y la falta de costumbre del recuerdo propio y ajeno de la vida con sabor a chocolate y a helados de verano. Sí, se que una vez fui una niña de nueve años, el problema está en que apenas lo recuerdo.
¿Tan sencillo?
