Mirándome (a escondidas, desde lejos)


Gabriel Celaya.
Mayo 6, 2008, 3:14 am
Archivado en: Arte, Experimentando, LetrasPalabras, Personal, Poesía, Poetas, Respirando, Sintiendo, Vida

Ayer decidí que hoy regresaba, hoy en cambio pensé, que quizás sería mejor reencontrarme con mi sombra a las 20:00 en punto en la puerta de “mi otra casa”, y así, darle ventaja. Es por esto, por haberme sentado cuando debería haber estado caminando, por lo que te encontré, te miré y mirándonos, decidí quedarme contigo la tarde entera y llenar el espacio de mi boca con tus versos mal pronunciados por el acento de alguien a quien no le han enseñado a pronunciar la “z” ni la “c” y dice “do” cuando presume y cree decir “dos”.

Por esto de encontrarme contigo de casualidad, de leerte y leerme en mi misma contigo pero sin ti, es por lo que he decidido copiarte y ponerte en este instante pegadito a estas letras que no aspiran a superar o alcanzar el nivel que tu alcanzaste. Y te dedico este instante, no porque me gustes más o menos que otros, o disfrute ciertamente de tu compañía, tan solo porque hoy coincidí contigo, y a base de coincidencias, resumo el pesado aire que entra cada día y sale expulsado de mi cuerpo, con destino a ninguna parte y con retorno a ningún sitio más que a mis labios o a esta nariz que tiene tres orificios.

Y me planto junto a tus versos y a mis oídos al escucharme sentirte-me en mis palabras, que no son mías cuando llevan tu nombre grabado, y la tinta de tus letras, y tu vida, y la mía, la nuestra. 

Gabriel Celaya, poeta español, de los más representativos de la postguerra, comprometido con los problemas sociales, dedicado pues, a la poesía social. 

 

QUIEN ME HABITA

<<Car Je «est» un autre.>>
RIMBAUD

¡Qué extraño es verme aquí sentado, 

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar, 

y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba, 

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

¡Qué extraño es verme aquí sentado! 

¡Qué extraño verme como una planta que respira, 

y sentir en el pecho un pájaro encerrado, 

y un denso empuje que se abre paso difícilmente 

por mis venas!

¡Qué extraño es verme aquí sentado, 

y agarrarme una mano con la otra, 

y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta 

mi propio nombre tan falto de sentido!

¡Oh, qué extraño, qué horriblemente extraño! 

La sorpresa hace mudo mi espanto. 

Hay un desconocido que me habita 

y habla como si no fuera yo mismo. 

 

LOS ESPEJOS TRANSPARENTES 

Uno dice lo que dice, mas no dice lo que piensa. 

Los espejos no reflejan: transparentan. 

Todo mira fascinante de frente, pero no existe. 

Todo vuelve por detrás y es lo real, invisible. 

En lo que veo, no veo; en lo que no veo, creo; 

en toda imagen apunta una múltiple presencia, 

palpitante intermitencia del corazón: confusión; 

y así me siento indeciso como un pobre hombre perdido, 

como tú que ¿quién eres?, como yo que ¿quién soy? 

Los espejos que me escupen hacia fuera, y hacia dentro

me propone transparencias de distancias y silencios, 

deben ser, quiero que sean, para mis obras ejemplo, 

con mucha luz hacia fuera, con más secreto hacia dentro. 

Juego al juego, sí, con trampa, como hay doblez en los versos. 

Así se cuentan las cosas que nos pasan cada día, 

y bien contadas parecen fascinantes y sin alma. 

Si se piensa, nada es lo que se ve en el espejo. 

La luz grande es un abismo y un estúpido misterio. 

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 

fieramente existiendo, ciegamente afirmando, 

como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente 

los vertiginosos ojos claros de la muerte, 

se dicen las verdades: 

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas 

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 

piden ser, piden ritmo, 

piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, 

con el rayo del prodigio, 

como mágica evidencia, lo real se nos convierte 

en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria 

como el pan de cada día, 

como el aire que exigimos trece veces por minuto, 

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan 

decir que somos quien somos, 

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo 

cultural por los neutrales 

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 

y canto respirando. 

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 

personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 

y calculo por eso con técnica, qué puedo. 

Me siento un ingeniero del verso y un obrero 

que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta 

a la vez que latido de lo unánime y ciego. 

Tal es, arma cargada de futuro expansivo 

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada. 

No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 

Es algo como el aire que todos respiramos 

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo 

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 

Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. 

 

 


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