Mirándome (a escondidas, desde lejos)


La oportunidad está de huelga.
Mayo 27, 2008, 2:36 pm
Archivado en: Vida

Arráncame de a poco las costillas, quizás encuentres resquicios de lo que fue cuando aún quedaba algo dentro, mi alma guardada entre latidos confusos. Sujétame que hoy el mínimo golpe de aire puede lanzarme muy alto y hacerme contemplar, en los ojos de una protagonista, el descenso desde el cielo hacia el infierno y permanecer en la frontera sin pasaporte y con una lágrima rota entre mis dedos.

Últimamente me despiertan pesadillas, preludio de lo que viene o de lo que ya fue. Y castigo a la esperanza, maldita compañera de lo ajeno cuyas palabras escupe el viento “otra vez será”… No lo creo.

Y ahora a vestirme contigo, con esa sonrisa que guardo en mi bolsillo para días en los que mi cara se olvida de gesticular, porque hoy no se acaba el mundo y cada día es el comienzo y el final de nuestra historia, por eso y solo por eso seguiré caminando y si me encuentro contigo por la calle te sonreiré.

Y sí, otra vez será pero no este año. Mayores problemas hemos tenido y por eso tengo los pies pegaditos a la tierra, que no soy una niña de esas que gritan si no consiguen lo que desean, no se, siempre he preferido el silencio y la espera.



Despedida… Objetivo: exámenes.

Sola he de enfrentarme al espejo una vez más. Creí encontrarte al verte, al percibir tu mirada entre otras sombras, entre otros cuerpos que bailaban al ritmo que la vida les marcaba, siempre a destiempo. Creí que eras tú, ese que iba a romper con los pasos que yo me había autoimpuesto, que iba a alcanzar mis ansías y a juntar mis recuerdos con sus recuerdos y a recrear una vida, en comunión con lo ya hecho, con lo que aún queda o no por hacer. Pero mentira, es cierto, crece, aprende y despierta de una vez del cuento, que unos ojos licántropos y una sonrisa envuelta en un gorro con profundidad rubia no puede hacerme creer en la existencia de un mañana mejor. Lo dejo, abandono como cada día, como cada noche al acostarme con mi cuerpo y esconderme de la magia que me permite recrearte como se que no eres, como se que nunca serás. Por eso, quizás sea mejor no conocerte. Te concedo el beneficio de la duda.

Última noche para caer en la caótica muerte en vida que esta ciudad ofrece como recuerdo de tantas otras formas de vivir lo que ahora eres y ya no puedes cambiar. Una obra de teatro llena de realidades opuestas, criticalizadas, perfecta. Un concierto digno de artistas, poetas, o amantes de las venas abiertas en escenarios cerrados y una compañía inmejorable.

Y yo solamente quiero escuchar el latido de tus pasos recorrodiendo cada centímetro de mis miedos, hasta fundirte y convertirte en una estatua para guardarlo como el trofeo que no gané.

En fin. Buenas noches hasta nuevo aviso. Cerrado por falta de tiempo del personal. Escribiré cinco minutos después, de no se que día y no se a que hora… pero después.

PD: ¿Para qué encontrarte si no me reconoces al verme pasar? Ondeo un cleenex blanco en un palo roto… me rindo. No pienso buscarte nunca más.



Ya no eres bienvenida… Fuera de este cuerpo y de esta mente.
Mayo 21, 2008, 8:11 pm
Archivado en: Gritando, Personal, Presente

Oigo el eco de mi risa. Carcajadas encajadas en mi mandíbula al oírte respirar, ¿crees que te temo? o ¿qué me haces falta? quizás ¿que te necesito? El aire que respiras lo tiraría a la basura si se aproximara a mis manos lo suficiente. Aniquilaría cada segundo que has estado cerca de mis ojos, pero no demasiado, porque nunca fuiste alguien importante en mi vida, no representaste el papel en la función el tiempo necesario y me alegro, me alegro de alejarme ahora que aún estoy a tiempo de recogerme del suelo, dejarme en una maleta e irme lejos, no tan lejos de tu lado sino de tu recuerdo, que tu figura ya no impone cuerpos firmes y oídos atentos.

No se, será mi orgullo que es grande y no lo recordaba. Será esta sensación de sentirme viva entre los vivos cuando todo hierve por dentro, pero aún así, sonrío incrédula de tus palabras, clavadas, pero poco, en mis dedos, con los que ahora te dedico este punto y final, las últimas palabras que me recuerden la estupidez de la estúpida que tengo en frente. Lo se, se me antoja paradójico lo difícil que resulta abrir los ojos hasta que los encuentras abiertos, y ahora ya no puedes volver a cerrarlos, no como que antes.

Y me alejo lo suficiente como para no contaminarme de tu aire.

Se acabo.

Punto y final.



SIN PALABRAS…
Mayo 18, 2008, 4:02 am
Archivado en: Desvaríos

Y NO ME ATREVO A PRONUNCIARLAS POR MIEDO A ROMPER LA MAGIA.

Vaya día. Dos “tes” que provocan una locura transitoria, una idea, ir a por ella y acabar todos juntos tomándonos algo perjudicial para el cuerpo pero bueno para el alma.

Y terminar así. Me encanta.

Contigo pero sin ti.



Evíta-me

Y persisto en el empeño de seguirte aunque mis ojos caígan derrotados, golpeados por este silencio, por la espera que ya no espera compañía, por la ausencia de unos labios que sonríen castigados, mezcolanza de sentidos de los sueños apagados.

Me derrito, digo alto, me derrumbo, ocaso, acaso, te castigo, me castigo.

Sola soy para mis brazos, sola para mi vida, para este espejo que ya casi no me mira.

Evítame.

Olvídame.

No, no guardo las espinas que me arranco de la piel. No tengo esperanzas, no creo, creo.

Sin sentido muerdo las palabras para desaparecer en ellas cuando no consigo pronunciarlas, sí, me quedo en este vacío, entre lo que es y no es, allí, aquí, me quedo conmigo, sin ti…

sin ti,

sin ti.

Pero… ¿Quién eres?

¿Mi sombra? ¿Mi otro yo defigurado atrapado en un infierno de sonrisas que lloran?

Estado: Comunicando. Apagada o fuera de cobertura.



¿Capaz?
Mayo 9, 2008, 3:08 am
Archivado en: Descubriendo el mundo, Experimentando, Idealizando, Personal, Sintiendo, Vida

Increíble…

¿Capaces de sonreír?

Solo iba a ser un rato en la terraza del ahora bautizado como el “refugio”, ¿no? El fin era juntar nuestras palabras hasta formar el decálogo de la amistad, escupirnos verdades y abrirnos las venas lo suficiente como para que las gotas de sangre pudieran herir, quemar y cortar la espesura y sacudir el polvo del silencio. Al final, la tarde se hizo noche, el té y el chocolate no cumplieron con el cometido y tu y yo nos encontramos de cara y de espalda con la obligación de permanecer abrigando las sillas después de haber abandonado toda esperanza. Volvimos con un pergamino en la mano y un cigarro en la otra y resultó que, después de la inspiración, del arte convertido en palabras sonoras, en poesía, conocimos otros nombres, otras formas de pensar, de vivir, de actuar, con la premisa de la espontaneidad y de la impulsividad.

¿Capaces de cambiar?

Tan “tremendo”. Para ti se ha convertido en “el sueño de una noche de verano” y para mi, en aprendizaje, ¿sabes? creo que no existe una persona mejor con la que haber compartido esta noche y yo me conformo con ser tu acompañante, mientras, sonrío y te dejo hablar.

¿Capaz?



Hojas de papel en blanco.

Idealizandote…

Atrapada entre recuerdos que aún no han salido del vientre de una virgen y lágrimas que intentan llorar y lo consiguen. Lágrimas transformadas en gotas de agua recorriendo a pasos cansados mi rostro, encontrando, sorprendidas, una sonrisa a mitad de camino entre la vida y la muerte.

Qué fácil es creerte otro, perfecto, como aquel que parece pero no es, que solo aparenta,

¿Será que te envidio?

Quizás, solo esté describiendo lo que veo cuando me mira el espejo. Lo se, soy solo una apariencia de algo que no es, así como somos todos, ¿no?

Y vuelvo a caer en el error, son casi las cuatro y media de la madrugada, estoy sentada delante del ordenador como todas las noches y los días, pero hoy, sin nada que decir o no encontrando la forma de imprimir mis venas en hojas de papel en blanco. No se escupir tinta roja de mi sangre para rellenarlo, por lo tanto, esperaré a ser capaz de no mentirte al escribirlo.

Paso a paso.



Gabriel Celaya.
Mayo 6, 2008, 3:14 am
Archivado en: Arte, Experimentando, LetrasPalabras, Personal, Poesía, Poetas, Respirando, Sintiendo, Vida

Ayer decidí que hoy regresaba, hoy en cambio pensé, que quizás sería mejor reencontrarme con mi sombra a las 20:00 en punto en la puerta de “mi otra casa”, y así, darle ventaja. Es por esto, por haberme sentado cuando debería haber estado caminando, por lo que te encontré, te miré y mirándonos, decidí quedarme contigo la tarde entera y llenar el espacio de mi boca con tus versos mal pronunciados por el acento de alguien a quien no le han enseñado a pronunciar la “z” ni la “c” y dice “do” cuando presume y cree decir “dos”.

Por esto de encontrarme contigo de casualidad, de leerte y leerme en mi misma contigo pero sin ti, es por lo que he decidido copiarte y ponerte en este instante pegadito a estas letras que no aspiran a superar o alcanzar el nivel que tu alcanzaste. Y te dedico este instante, no porque me gustes más o menos que otros, o disfrute ciertamente de tu compañía, tan solo porque hoy coincidí contigo, y a base de coincidencias, resumo el pesado aire que entra cada día y sale expulsado de mi cuerpo, con destino a ninguna parte y con retorno a ningún sitio más que a mis labios o a esta nariz que tiene tres orificios.

Y me planto junto a tus versos y a mis oídos al escucharme sentirte-me en mis palabras, que no son mías cuando llevan tu nombre grabado, y la tinta de tus letras, y tu vida, y la mía, la nuestra. 

Gabriel Celaya, poeta español, de los más representativos de la postguerra, comprometido con los problemas sociales, dedicado pues, a la poesía social. 

 

QUIEN ME HABITA

<<Car Je «est» un autre.>>
RIMBAUD

¡Qué extraño es verme aquí sentado, 

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar, 

y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba, 

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

¡Qué extraño es verme aquí sentado! 

¡Qué extraño verme como una planta que respira, 

y sentir en el pecho un pájaro encerrado, 

y un denso empuje que se abre paso difícilmente 

por mis venas!

¡Qué extraño es verme aquí sentado, 

y agarrarme una mano con la otra, 

y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta 

mi propio nombre tan falto de sentido!

¡Oh, qué extraño, qué horriblemente extraño! 

La sorpresa hace mudo mi espanto. 

Hay un desconocido que me habita 

y habla como si no fuera yo mismo. 

 

LOS ESPEJOS TRANSPARENTES 

Uno dice lo que dice, mas no dice lo que piensa. 

Los espejos no reflejan: transparentan. 

Todo mira fascinante de frente, pero no existe. 

Todo vuelve por detrás y es lo real, invisible. 

En lo que veo, no veo; en lo que no veo, creo; 

en toda imagen apunta una múltiple presencia, 

palpitante intermitencia del corazón: confusión; 

y así me siento indeciso como un pobre hombre perdido, 

como tú que ¿quién eres?, como yo que ¿quién soy? 

Los espejos que me escupen hacia fuera, y hacia dentro

me propone transparencias de distancias y silencios, 

deben ser, quiero que sean, para mis obras ejemplo, 

con mucha luz hacia fuera, con más secreto hacia dentro. 

Juego al juego, sí, con trampa, como hay doblez en los versos. 

Así se cuentan las cosas que nos pasan cada día, 

y bien contadas parecen fascinantes y sin alma. 

Si se piensa, nada es lo que se ve en el espejo. 

La luz grande es un abismo y un estúpido misterio. 

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 

fieramente existiendo, ciegamente afirmando, 

como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente 

los vertiginosos ojos claros de la muerte, 

se dicen las verdades: 

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas 

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 

piden ser, piden ritmo, 

piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, 

con el rayo del prodigio, 

como mágica evidencia, lo real se nos convierte 

en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria 

como el pan de cada día, 

como el aire que exigimos trece veces por minuto, 

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan 

decir que somos quien somos, 

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo 

cultural por los neutrales 

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 

y canto respirando. 

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 

personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 

y calculo por eso con técnica, qué puedo. 

Me siento un ingeniero del verso y un obrero 

que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta 

a la vez que latido de lo unánime y ciego. 

Tal es, arma cargada de futuro expansivo 

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada. 

No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 

Es algo como el aire que todos respiramos 

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo 

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 

Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. 

 

 



Un día como otro cualquiera.
Mayo 4, 2008, 7:10 pm
Archivado en: Experimentando, Personal, Sintiendo, Vida, ecos sonrientes

Escuchando música R&B frente al ordenador, algo que me está contagiando mi hermano, y me gusta haber llegado hasta este punto, y me llevo las manos a la boca, abriéndola muy, muy fuerte, llenándola de aire al decirlo, porque sí, porque sea como sea, hemos llegado hasta aquí. Nadie ha tenido la culpa de haber cambiado, y aunque todo a veces, parezca distorsionado, visto como el reflejo gastado y vencido por el tiempo y las lágrimas que fueron derramadas y las que no derramamos a tiempo, yo me quedo aquí. La familia, eso que constituye lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos, el pilar de nuestra vida, de nuestra existencia, el único espacio en el que de verdad me siento cómoda y satisfecha por cómo y quién soy.

Gracias, para bien, para mal, somos los que somos, imperfectos y únicos como el resto de seres humanos que nos rodean.

Ahora solo queda que me ate a esta silla, mirando fijamente aquello que realmente es y existe, evitando fabricar ojos rotos, rostros quebrados por la soledad de aquel que no asomó la cabeza a tiempo y seguir caminando, escuchando el ritmo de mis piernas al acercarse a la vida, tímidamente, como quién grita en una sala llena de cuerpos y oculta con las manos su rostro, por miedo.

Camina…

¿Quieres acompañarme? Te esperaré.



Sinsentidoalguno

No pensar, no. Hacerle un hueco en la cama a la imaginación para que se quede a dormir esta noche conmigo. Dejar que las palabras escupan al aire y que no retrocedan en su camino, que no me miren al mirarlas, que se escondan y no se queden aquí, atrapadas en mis ojos, hasta que sea capaz de enfrentarme a ellas, de pie, de frente o sentada.

Palabras que no dicen nada.

¿Te he encontrado? Creo que, más bien, he tropezado con la persona que quisiera, fueras alguna vez, y eso dista bastante de la realidad. ¿Sabes? Me gustaría guardarte en mi bolsillo y tenerte lo suficientemente cerca para sentirte y lo suficientemente lejos para no herirte, barra “me”, con el juego de silencios que comparto con mis manos y mis miedos. 

Me gusta escribir sin sentido, con ganas, dejando que sean mis dedos los que lleguen a conclusiones abstractas y no ser yo la que piense y se exponga.

Me gusta que al principio las palabras carezcan de sentido completo y al volver a leerlo, encontrarles la pieza que faltaba y entender que no me entiendo, que hoy me sobra el aire para compartirlo contigo, que quisiera encontrarme con el sonido de tu respiración en mi nuca y aún no te he conocido, porque se que existes y no, o que tal vez ya no quiero conocerte. 

¿Dónde están los pies? ¿Dónde la cabeza de lo que digo? Ayer, hoy, mañana, que se yo si no se nada, ayer contigo, hoy conmigo y mañana, el mañana temblará por no conocer el rumbo de sus pasos hacia el ocho acostado. 

Hoy, día de grandes recorridos con dos sonrisas a mi lado, de otro continente y otras vidas, que prefirieron quedarse junto a mi, y ha sido emocionante creer, conocer, caminar, esperar y no hallar(te), crecer, hablar, entender, querer profundizar, comer, sentir, escuchar, saber, seguir… 

Consigues hacerme sonreír obligándome a mirarme al espejo después, para verme a mi misma conmigo y con mi sonrisa pegada a unos labios cerrados que gritan por dentro: 

“Te necesito (otra vez)”