Mirándome (a escondidas, desde lejos)


Placer número dos: La sonrisa.

Hoy, la sonrisa.

¡Vaya hombre! Creatividad en vena. ¿Recuerdan cuándo la selección española de baloncesto ganó el mundial y con ellos se hizo conocida la canción “el busto es mío”? Pues aquí está el protagonista:

“El busto es mío”

“La quiero” (tan, tan bueno).



Tequiero. Notequiero. Tequiero. Notequiero. Tequiero. Notequiero.

Las dos caras.

Me agoto de ti, de respirarte, de saberte,

cerca o lejos,de maquillarme la cara con tu reflejo,

de esperarte y no, de aproximarme demasiado y querer huir,

de todo y de nada,

pero,

por otro lado,

te necesito.



Placer número uno: doblar las hojas de los libros al leer.
Abril 22, 2008, 11:43 pm
Archivado en: Arte, Cantautores, Cortos, Pequeños placeres diarios, Personal, Vida

Empezaré a escribir (no por orden de importancia y no solamente hoy) una lista con las nimiedades que completan el día a día para darles la relevancia necesaria y recordarlas, si cabe, como un acontecimiento aislado y maravilloso.

Son las pequeñas manías las que nos gritan muy de frente que aún estamos vivos, ilógicos pero respirando. Aspectos tales como doblar las hojas de los libros que nos hemos leído entre temblores nocturnos y lágrimas disecadas por el tiempo y por la intensidad ya malgastada, para trasladar esas líneas (o al menos, eso decimos o creemos) a otras hojas, libretas que permitan estampar en la memoria el sentido que le dimos a esas palabras, pero en mi caso, eso era antes, cuando la fuerza de voluntad ocupaba más espacio en mi vida. Ahora prefiero la posición en la que estoy, doblando hojas por el mero disfrute del momento aprovechado y así, cinco millones de horas después, elegir un libro cualquiera, el primero que se presente ante mis ojos o mis manos, abrirlo justo en donde deje la cicatriz, leer en busca de lo que me atrapó cinco millones de horas antes, y explorar en la herida recordándome a mi misma sintiendo aquello que ya creía no sentir.

Acaso, ¿es o no es maravilloso?

El regalo de hoy:

Una cantautora que recién descubrí hace unos días, Ángela Biedma… (Hay tantos cantautores que me envuelven de la mágia y me atrapan, que no se por cuál empezar, supongo que por eso pongo a alguien que prácticamente no conozco, para no atarme demasiado al comenzar).

Y un corto breve pero curioso.



El sueño del caracol
Abril 22, 2008, 12:59 am
Archivado en: Arte, Cortos, Sintiendo

Hasta que no me salgan las palabras, seguiré llenando el aire y el espacio de cuentos inventados por otros tantos, figuras ausentes que dibujan corazones rasgados con la punta del dedo índice.

Este es sencillamente elegante, sutil y desgarrador.



Pienso, luego existes.
Abril 19, 2008, 12:40 am
Archivado en: Arte, Cortos, Sintiendo, Vida

PERFECTO



Desequilibrio.

Mañana huelga y manifestación en las calles, y yo mientras tanto, haré un encierro voluntario entre mis sábanas y me enfrentaré a mi propia huelga y a mi propia manifestación dentro de este cuerpo rodeado de la ausencia de unas manos contando con los dedos, debajo de la mesa, los segundos que restan para llegar a unos párpados. Supongo que las novelas que he leído hasta ahora, nunca dibujaron con sabor propio la historia de mi vida y he vuelto a tropezar con la puerta equivocada. Debería apellidarme Vaivén,

- Sí, hola… ¿qué tal?, me presento, soy Lucía Vaivén ¿y usted?.

Porque esa palabra la llevo tatuada tan, tan adentro, que permanece pegada en mis huellas cuando yo ya no estoy allí, por ende, si hay vaivén no existe el equilibrio y si no existe el equilibrio, sólo reina la locura transitoria que me abraza y me da las buenas noches cada día.

Y no, mañana no estaré en las calles. Quizás creas encontrarme perdida entre la gente, o creas advertirme en los reflejos de unos ojos mirando hacia el abismo, pero no, esta vez no seré yo la que juegue a las cartas con los testigos del tiempo perdido. Hoy me quedo sola, hoy…

… un té con dos terrones de azúcar por favor.



Camina.

P-A-R-A-D-A

Atrévete a seguir mis pasos y quédate, quédate cerquita por si me rompo demasiado. Yo mientras tanto, intentaré no apartar mis ojos ni un solo segundo de tu respiración, por si acaso sientas la necesidad de caerte y ya no quieras mirar hacia el cielo nunca más.

P-A-R-A-D-A que no en movimiento, pero eso sí, viviendo y sonriendo.

PD: Fin con “Tokio Blues”, toca la era de “Frank McCourt”.



Stand by.

Palabras.

Me cuesta comenzar a escribir cuando no se que es lo que quiero expresar. Creo que me he quedado sin palabras por el mero hecho de que la vida la tengo atragantada, en “standby”, ni para adelante ni para atrás. Quieta.

¿Qué quieres que te diga? No sabría como argumentar libremente el estado de mis emociones hoy en día. Lo se, nunca he podido abrirme las venas metafóricamente hablando o escribiendo, no. Nunca he sentido la necesidad de arrancarme los ojos para no ver que esta vida, la que llevamos y la que nos lleva arrastrándonos por el desastre ensangrentado de silencios inoportunos, ha dejado de tener corazón, cesando el latido de su alma inexistente, no. Nunca mis labios han temblado en tus manos, ni mis manos han ocultado unas lágrimas con sabor a ese algo que nunca se va, un “ocupa” en mi mente. Y no, nunca he sido YO la culpable de este estado, de este cuerpo sin metas ni objetivos, de esta cabeza que no sabe como tomar la decisión, la decisión de cambiar.

Que no, que no. Que nunca he sido esa otra semejante a mi.



A las puertas… Siempre a las puertas.

Una noche a la que solo pueden seguirle unos puntos suspensivos.

Hasta hace un momento iba siguiendo a mis piernas de camino a mi guarida particular pensando en todo lo que había y no había sucedido en esta noche, llena de arte y de magia compartida entre la familia del café teatro 7 y los testigos del milagro de las emociones en directo inyectadas en las venas, llenando de aire el espacio que me falta para respirar siendo la persona que quizás deseé ser a veces.

Llega un momento en el que las palabras sobran porque solo escupen silencio y tu cuerpo no me basta como mero acompañante del desastre de mi existencia, de la existencia humana.

¿Será este vacío que me arrastra cada noche hacia el infierno en la tierra? ¿Serán mis ojos que se cierran cuando tú los miras? ¿Serán estas manos traicioneras que me engañan cada día? ¿Seré yo? ¿Serás tú? ¿Será la ansiedad que no tengo la que me obliga a devorar todas las noches la comida que si tengo en mi cuarto, a escondidas?

Te llamé y comenzamos este viaje. Llegamos antes de tiempo porque esta noche iba a ser especial. Salimos y cenamos un perrito convertido y bautizado como la tradición del día del cafe-teatro. Bebimos Dorada y más (Tropical en este caso). Sentimos, sufrimos, aplaudimos, cantamos y nos quedamos a las puertas del encuentro esta noche contigo, con nadie, con esa tarta de chocolate. Siempre deseamos más y más, y cada vez un poquito más.

Vimos como un cantautor puede enamorarse de “ojos grandes” con solo una sonrisa. El poder de la mirada y de los labios no ligados por las ansías del encuentro. Arte. Arte. Arte. Belleza sin serlo, crearla. Poesía. Teatro. Voces. Vida. Bocas hablando hacía unos ojos. Ojos mirando hacía unos cuerpos. Cuerpos moviéndose al ritmo de cada sombra, sin música, con ecos. Descubrir que existen personas capaces de subirse a un escenario, con miedo sin aparentarlo. Recuerda Rocío, todo es cuestión de apariencias. Llamar y desvelar la sorpresa (Carmen y Eva en la ciudad y yo sin poder ir a verlas… gracias). Fran y África conmigo (y Anna), viviendo y experimentando a cada segundo la fuerza que tienen las palabras, el movimiento y la imagen. Las personas que restan importancia al cuerpo y lo perciben como una máquina que genera movimientos capaces de provocar emociones en nuestros rostros.

Y ya lo echo de menos. Quién pudiera llegar a ser como ellos o al menos intentarlo. Personas que nacen para ser observadas y otras que son observadores de la esencia de la creación. Me conformo con el papel que tengo… acaso, ¿tú no?

Quién pudíera ser un “tú” por esta noche y cambiar el “yo-mi-me-conmigo” por el “tu-ti-te-contigo”. En fin, se hace tarde y mañana vuelve a ser domingo. Buenas noches para los rezagados y buenos días para los extremadamente madrugadores.

Si ya de por sí me cuesta a veces escribir lo que pienso, después de algunas cervezas de más, no entiendo ni las palabras que mis dedos insisten en teclear en el ordenador. Lo siento (y no).



Una noche casual

De repente me he encontrado con mi sombra y me ha mirado a los ojos seriamente diciéndome… corre, corre y aprovecha este momento. El espejo me ha hablado insultándome por no querer seguir hacia adelante y yo, extrañada frente a mi cuerpo, me he quedado paralizada intentando saltar de hora en hora evitando encontrarme contigo y con los trozos que han quedado del instante que rompió cada uno de mis sueños en lágrimas esparcidas por el suelo de mi alma y de tus dedos recorriendo cada parte de mi que no me pertenece. Es tarde y las cervezas de más han hecho su efecto. Me cuesta pensar en lo que quiero escribir y hacerlo correctamente, pero, lo único que me apetece decir ahora mismo, en este cachito de tiempo, es que me ha encantado pasar la noche con mi continente favorito la señorita África y con mi factor f preferido la señorita Francisquita… Odio escribir y dedicar cosas pero… ¡qué demonios! el blog es mío y mío es este momento y este texto… ojala las cosas siguieran como esta noche para siempre, y créanme, no quiero sonar cursi pero… de los mejores aspectos de estar aquí, haber compartido este tiempo con ustedes… Y que siga la noche y que continúe esta sensación.

Mirando siempre hacía adelante, donde tu sombra no te vea y solo seas protagonista y testigo del movimiento de tus pies hacia el futuro próximo, que nunca lejano.

(Aún así… siempre se echa de menos a ciertos personajes; llámalo “E”, “C”, “M”, “D” o como quieras).